
En un giro de los acontecimientos que ni el más imaginativo guionista de cine costumbrista podría haber ideado, la policía de Rancho Cordova, California, ha puesto punto y final a una de esas historias que te hacen levantar una ceja. Y no, no hablamos del enésimo hurto de un paquete de patatas fritas, sino de algo mucho más… rumiante.
Se trata nada menos que del arresto de Kevin Alan Clark, un señor de 54 años con residencia en Lincoln, acusado de un delito de robo mayor. ¿El botín? Atención, porque aquí viene lo bueno: ¡una vaca! Sí, habéis leído bien, no un coche deportivo, ni joyas de la corona, ni siquiera un cargamento de jamones ibéricos, sino un bovino de cuerpo entero. La cosa tiene su intríngulis, porque este ‘moo-robo’ ocurrió allá por el mes de marzo. Imaginad la cara del ranchero al darse cuenta de que a su manada le faltaba una pieza. No es que se pueda esconder fácilmente, la verdad.
Tras varios meses de un seguimiento que, intuimos, no tuvo que ser precisamente fácil (¿dónde guardas una vaca robada, por el amor de Dios?), la investigación llevó a los agentes hasta la propiedad de Clark en Lincoln. Y, como si de una escena de película se tratara, allí estaba la pobre vaca, campando a sus anchas, probablemente ajena al drama judicial que la rodeaba. Quién le iba a decir a ella que se convertiría en el centro de una investigación policial.
Con la inestimable ayuda del Departamento de Policía de Lincoln, los valientes agentes de Rancho Cordova ejecutaron una orden de registro. Y, efectivamente, no solo encontraron al animal protagonista de esta peculiar trama, sino que también procedieron a la detención de Clark. La acusación es seria: robo mayor, un delito grave. Pero no os preocupéis por la protagonista de cuatro patas, porque lo más importante es que la vaca ya ha sido devuelta a su legítimo y aliviado propietario. Un final feliz para el animal, aunque no tanto para el que quiso darle un «cambio de aires» forzoso sin el consentimiento de nadie.
