Una cámara de acción graba el vuelo entero de un cohete chino

DJI y LandSpace montaron doce cámaras de serie en el Zhuque-3. El vídeo va del encendido al aterrizaje sin un corte, y el cohete acabó en el suelo…

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DJI y LandSpace montaron doce cámaras de serie en el Zhuque-3. El vídeo va del encendido al aterrizaje sin un corte, y el cohete acabó en el suelo…

El 19 de agosto de 2026, doce cámaras de acción DJI Osmo Action 6 —el modelo de consumo, el que se compra en cualquier tienda— viajaron atornilladas al cohete chino Zhuque-3. Días después, DJI publicó lo que vio una de ellas de principio a fin y sin un solo corte: encendido, ascenso, separación, reentrada y el aterrizaje vertical del propulsor en pleno desierto.

No es material de agencia espacial: es el mismo trasto que la gente se lleva a bucear, solo que este bajaba desde bastante más arriba.

El vuelo completo del propulsor, grabado desde el propio cohete. Vídeo: DJI.

¿Qué cohete es el Zhuque-3 y qué hacía ahí arriba?

El Zhuque-3 es el lanzador parcialmente reutilizable de LandSpace, una empresa privada china con sede en Pekín. Mide unos 66 metros, es de acero inoxidable y monta nueve motores Tianque-12A que queman metano y oxígeno líquido.

Despegó a las 7:35 de la mañana, hora de Pekín, desde la zona comercial de Dongfeng, junto al centro espacial de Jiuquan, y dejó en órbita baja un prototipo de satélite de comunicaciones, el Honghu-03. Un vecino más de ese cielo tan disputado que hasta hubo un país diminuto que alquiló su órbita.

Lo gordo vino después. La primera etapa dio media vuelta, frenó y se posó sobre sus patas en el condado de Minqin, provincia de Gansu, a unos 390 kilómetros de la rampa. Con eso LandSpace se convirtió en la tercera entidad del mundo, tras SpaceX y Blue Origin, capaz de posar sobre patas un propulsor de clase orbital. Para China es la segunda recuperación: en julio la estatal CASC ya había atrapado con cables un Long March 10B sobre un barco.

¿Cuánto calor tuvieron que aguantar las cámaras?

Según DJI, el calentamiento aerodinámico eleva la temperatura de la superficie del cuerpo del cohete hasta unos 400-500 °C, tanto en el ascenso como en la vuelta. Ahí iban las doce, repartidas por el fuselaje y, siempre según la marca, sin modificación interna: lo único a medida era el alojamiento en el que encajaban.

DJI cuenta también que grababan en su propia tarjeta en lugar de transmitir, y que por eso existen las imágenes de la reentrada: durante el apagón de comunicaciones nadie recibía nada, el vídeo simplemente estaba ahí cuando fueron a recogerlo. Décadas antes, la NASA arrastraba por el desierto sus aviones sin alas para entender cómo se vuelve de allá arriba.

Doce cámaras de tienda, un cohete de 66 metros y un plano continuo desde la rampa hasta la arena de Gansu.

¿Por qué el cohete acabó tumbado en el suelo?

El propulsor se quedó de pie, erguido sobre sus patas, como lo enseñan las imágenes del punto de recuperación. Aguantó así varias horas —al menos cuatro, según el análisis de imágenes de satélite—, hasta que el metano y el oxígeno líquido que quedaban en la base ardieron, el fuego castigó una de las patas, la pata cedió y la primera etapa se fue al suelo.

Aterrizar un propulsor orbital y poder volver a usarlo, resulta, son dos hitos distintos. El primero se lo apuntó de calle; el segundo tendrá que esperar, en un país acostumbrado a construir a lo bestia y a la primera.

DJI ha publicado el vuelo íntegro de una de las doce cámaras, pero no ha dicho cuántas se recuperaron ni en qué estado. Y el fuego empezó justo en la base del propulsor. De momento, lo único que ha vuelto entero es el vídeo.

Vía DJI, PetaPixel, SpaceNews, Spaceflight Now, Eureka y China in Space.

Foto de portada: fotograma del vídeo de DJI.