
Imagina la escena: eres universitario, has pasado la Selectividad (o su equivalente americano) y estás en tu primer año, listo para comerte el mundo. De repente, ¡zasca! Te encuentras con que no eres capaz de aprobar un examen de matemáticas del nivel de 8º curso. Sí, sí, has leído bien, ¡el de la ESO! Esto es lo que les ha pasado a unos 150 ‘lumbreras’ de la Universidad Estatal de San Diego (SDSU), en California, y la verdad, la historia tiene su aquel.
Resulta que en la SDSU, como en otras universidades del sistema CSU (California State University), existe una asignatura remedial, la famosa Math 60, pensada para poner al día a los alumnos con lagunas matemáticas que deberían haberse resuelto hace ya unos cuantos años. Esta clase, en teoría, cubre desde los números enteros hasta el álgebra básica, es decir, el temario de 6º, 7º y 8º de la ESO. Para entrar, los estudiantes hacen una prueba de nivel, y aquí es donde la cosa se pone interesante.
De los 9.000 estudiantes de primer año que acudieron a la universidad, aproximadamente 150 han demostrado que las matemáticas no son su fuerte, ni de lejos. No solo no han pasado la prueba de la Math 60, sino que han tenido que ser derivados a la «Math 60 Support» (Math 60S), una especie de ‘clase de refuerzo para la clase de refuerzo’. Esto, que podría sonar a broma, significa que estos estudiantes tendrán que dedicar dos cuatrimestres enteros (12 créditos de asignaturas optativas, ¡que no cuentan para el grado!) simplemente para ponerse al día con conceptos que un chaval de 13 o 14 años ya debería dominar. ¡Menuda faena!
¿Y quiénes son estos valientes? Pues, según la universidad, suelen ser alumnos que entraron con el mínimo exigido (un GPA entre 2.5 y 3.0 y ciertas puntuaciones en los SAT/ACT) y que a menudo provienen de institutos con programas de matemáticas no tan robustos. Vamos, que la base ya venía coja de casa. El departamento de matemáticas de la SDSU, que parece que lleva décadas lidiando con esta problemática, está que trina y ya planea implementar un nuevo examen de nivel para el próximo curso, a ver si así atajan el problema desde la raíz.
La moraleja de esta historia, con un punto entre lo cómico y lo preocupante, es que la brecha educativa es real y puede aparecer en los lugares más insospechados. Uno esperaría que, al entrar en la universidad, las sumas y restas más básicas estuvieran superadas, pero ya vemos que no siempre es así. ¡Quizás necesitemos una clase de «cómo recordar lo que aprendiste en la ESO» antes de empezar la universidad!
