
¡Atención, navegantes de la red! Si creíais que ya lo habíais visto todo en esto de las polémicas internáuticas, preparad vuestras gafas porque la última movida nos llega directamente del mundo de las fuentes tipográficas. Sí, habéis oído bien. Vuestra querida y a menudo subestimada Calibri, la fuente por defecto de muchos documentos y correos electrónicos, está ahora mismo en el punto de mira.
Resulta que un desarrollador con mucho tiempo libre (o quizás demasiada preocupación histórica, según se mire) en la plataforma GitLab, esa donde los programadores suben y gestionan su código, ha puesto el grito en el cielo. ¿Su petición? ¡Fuera Calibri! ¿El motivo? Agárrense, porque la cosa tiene tela: la acusan de tener ‘conexiones racistas’.
La mente brillante detrás de esta idea argumenta una conexión que roza lo detectivesco, mezclando historia y tipografía. Su tesis es la siguiente: Helvetica, y posteriormente Arial, fueron fuentes utilizadas en documentos oficiales del apartheid sudafricano. Hasta aquí, un dato curioso pero innegable. La siguiente vuelta de tuerca es que, como Calibri sustituyó a Arial en la jerarquía de fuentes predeterminadas de Microsoft, se ha metido en el mismo saco. Según este desarrollador, Calibri forma parte de esa estirpe de tipografías ‘profundamente ligadas a los ideales occidentales y legados coloniales’.
Vamos, que para él, Calibri no solo es una fuente cualquiera, sino una especie de ‘legado problemático’ que podría percibirse como racialmente no neutral. La propuesta, aunque pueda sonar a chiste para el común de los mortales, fue presentada con toda la seriedad del mundo en un hilo de discusión de GitLab, abriendo la veda a un debate que, como podréis imaginar, rápidamente se convirtió en un festival del absurdo.
Afortunadamente, la cordura (o al menos la pragmática empresarial) imperó. Un miembro del equipo de GitLab no tardó en cortar por lo sano la discusión, dejando claro que ‘no eliminan fuentes basándose en la raza’. ¡Y menos mal! Porque si empezamos a rastrear el pasado de todo lo que usamos en función de quién lo usó alguna vez, apaga y vámonos. Imaginaos: ¿cancelamos el papel por haber sido usado en proclamas reales, o la rueda por transportar carretas de la Inquisición?
En resumen, parece que Calibri puede respirar tranquila por ahora. Pero la anécdota nos deja una lección, o al menos una buena carcajada: el mundo digital no deja de sorprendernos con sus debates más insólitos. ¿Quién iba a pensar que una simple fuente podría desatar una tormenta de este calibre? Desde luego, hay que tener creatividad para encontrar ‘racismo’ hasta en los trazos de una letra. ¡Larga vida a Calibri, libre de culpas tipográficas!
