El cajón de los trastos gigante donde cabe tumbada su autora

Empezó con unos auriculares de cable y ya lleva un carné de Blockbuster, una pila Duracell y una goma bien manchada. Todo hecho a mano y a lo bestia…

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Empezó con unos auriculares de cable y ya lleva un carné de Blockbuster, una pila Duracell y una goma bien manchada. Todo hecho a mano y a lo bestia…

Todos tenemos uno. Ese cajón donde acaban las llaves de ninguna cerradura, los cables de ningún aparato y un sobre de kétchup que ha sobrevivido a dos mudanzas. Nadie lo ordena y, aun así, todo el mundo sabe exactamente dónde está.

La artista Grace Baldwin ha construido el suyo otra vez, pero a escala monumental: un cajón de madera lleno de réplicas de objetos cotidianos hechas a mano, tan grandes que ella misma cabe tumbada dentro.

¿Qué objetos hay dentro del cajón gigante?

Lo primero que fabricó fueron unos auriculares de cable, y a partir de ahí empezó a añadir unas cuantas piezas cada día. En el montón conviven una goma Pink Pearl debidamente manchada, un carné de Blockbuster metido en su funda de plástico, una pila Duracell, sobres de salsa de Taco Bell, unas tijeras, velas, caramelos, sellos y un billete de dólar.

El nivel de detalle es el mérito y el chiste a la vez: hasta la bolsita de gel de sílice lleva impreso su «no comer» de rigor. Y por si quedaban dudas sobre el tamaño, Baldwin ha fotografiado dos de sus monedas de un centavo junto a una de verdad. Otros artistas prefieren la escala contraria o convertir el gimnasio en museo.

Réplicas gigantes de una goma Pink Pearl, un carné de Blockbuster, una pila Duracell y sobres de kétchup dentro de un cajón de madera
El cajón, por dentro: cada objeto está hecho a mano. Foto: © Grace Baldwin.

¿Por qué acabó siendo un proyecto colectivo?

Baldwin empezó inspirándose en su propio cajón, pero al ir enseñando el avance en Instagram los seguidores se lanzaron a contarle qué guardaban en el suyo. La cosa se convirtió en una especie de colaboración a distancia, con lista de peticiones incluida.

Muchas de las sugerencias coincidían con mi lista original, lo que fue un recordatorio divertido de que los cajones de los trastos son sorprendentemente universales.

Tiene su gracia que el inventario de la nostalgia sea tan parecido en casas que no se conocen de nada. El carné de Blockbuster, sin ir más lejos, es de esas cosas que desaparecieron sin avisar.

¿Dónde se podrá ver el cajón terminado?

De momento, en ningún sitio: la obra sigue creciendo. Baldwin dice que piensa seguir añadiendo cosas hasta que le parezca que está bien, y que espera encontrar un lugar donde exponerla cuando la dé por acabada. Baraja incluso dejar los objetos sueltos dentro del cajón, para que el público pueda rebuscar entre ellos.

Que es, al fin y al cabo, lo único que se puede hacer con un cajón de los trastos: meter la mano y ver qué sale.

Vía Colossal y Laughing Squid. Fotos, incluida la de portada: © Grace Baldwin.