
¿Te imaginas que tu solicitud de visado, esa que te trae de cabeza con mil papeles, acabe siendo respondida por una IA con mucha imaginación? Pues esto, que parece sacado de un episodio de Black Mirror con tintes cómicos, ha ocurrido de verdad en Canadá. Y claro, el resultado ha sido un monumental rapapolvo judicial.
La historia se cuece en el seno de Inmigración, Refugiados y Ciudadanía de Canadá (IRCC). Un solicitante de Afganistán, que quería obtener un visado de residente temporal (TRV) para visitar a su familia, se topó con un muro burocrático. Los abogados del solicitante, con un ojo avizor, notaron algo raro en la carta de rechazo: el lenguaje era tan genérico y «enlatado» que les sonó a que había pasado por las manos (o algoritmos) de una inteligencia artificial. ¡Y acertaron de pleno!
Tras ser acorralados, los agentes del IRCC tuvieron que confesar. Sí, habían estado usando ChatGPT como una «herramienta de redacción interna» en este caso concreto. Su excusa: era para resumir notas, no para inventar datos. Pero aquí es donde entra en juego el «pequeño» detalle de la creatividad artificial. El juez de la Corte Federal de Canadá, Justice Schmidt, no tardó en darse cuenta de que el texto generado por la IA contenía nada menos que «información ficticia». ¡Como lo oyes! ChatGPT se había tomado la libertad de adornar la realidad en un documento oficial.
La reacción del Justice Schmidt fue épica. Sin andarse con rodeos, calificó el uso de la IA en este contexto como «irresponsable» y lanzó un buen varapalo a los agentes de inmigración. Imagina la escena: el juez, lidiando con abogados humanos y pruebas tangibles, y de repente, un robot se cuela en la ecuación con datos inventados. La falta de transparencia, el potencial de la IA para «alucinar» (sí, así se llama cuando se inventa cosas) y la brecha en la imparcialidad del proceso fueron puntos clave de su indignación.
¿Las consecuencias de esta aventura robótica? Pues el IRCC no solo tendrá que revisar de nuevo la solicitud del pobre hombre afgano, sino que también deberá pagar las costas legales de su abogado. Una buena lección sobre quién debe asumir la responsabilidad cuando la IA se pasa de lista. Desde el IRCC, por supuesto, han asegurado que fue un incidente «aislado» y que no tienen una política oficial para usar IA en estas lides. Están «revisando» lo ocurrido, dicen.
Esta anécdota nos deja pensando en los límites (y los deslices) de integrar la inteligencia artificial en tareas tan delicadas como la burocracia estatal. Porque una cosa es pedirle a ChatGPT que te escriba un poema, y otra muy distinta que redacte las razones para denegar un visado… ¡con información de su propia cosecha! La próxima vez, quizás convenga que le pongan un «Disclaimer: Contenido generado por IA, puede contener elementos de ficción» a los documentos oficiales. O mejor, que lo escriban personas de carne y hueso, que al menos, si se equivocan, podemos echarles la bronca de forma más directa.
