
¡Atención, aspirantes a criminales digitales! Si pensabais que un simple «borrar historial» en vuestras cuentas de Google Play os salvaría de la ley, la historia de Steven Andrew Smith os va a dar un buen golpe de realidad. Este señor de 30 años, oriundo del condado de Lee, Florida, ha logrado una hazaña digna de una película de comedia negra: ser arrestado por intentar deshacerse de la evidencia… ¡después de que la policía ya le estuviera siguiendo la pista!
La trama comienza el 29 de julio de 2013, cuando la Oficina del Sheriff del Condado de Lee, en colaboración con el Centro Nacional para Niños Desaparecidos y Explotados (NCMEC), inició una investigación sobre Smith. Los detectives obtuvieron una orden de registro y, ¡sorpresa!, encontraron pruebas de pornografía infantil en su teléfono y otros dispositivos. Hasta aquí, un caso triste y lamentablemente común.
Pero Smith, en un giro de los acontecimientos que raya lo inverosímil, decidió que lo más inteligente sería jugar al detective privado de sí mismo. Se dedicó a «limpiar» sus cuentas de Google Play, borrando todo el material comprometedor de abuso infantil y eliminando datos de su teléfono. Lo que no sabía, o quizás no le importaba en ese momento de pánico, es que la ley tiene un nombre para eso: «manipulación de pruebas», un delito grave.
Así, los detectives, que ya tenían una orden de arresto contra él por posesión de pornografía infantil, tuvieron que preparar una segunda orden. ¿El motivo? Precisamente esa brillante idea de borrar las pruebas. En lugar de limitarse a un cargo, Smith se ha ganado un ‘dos por uno’ en su ficha policial. La fianza se ha fijado en 70.000 dólares por los cargos de pornografía infantil y otros 5.000 dólares adicionales por intentar ser su propio equipo de limpieza digital.
Smith tiene prevista su comparecencia ante el tribunal el 7 de octubre. Esta historia nos deja una valiosa lección: la próxima vez que penséis en borrar algo «sospechoso» de vuestras cuentas, aseguraos de que no haya ya una investigación en curso. Porque lo que parece una solución rápida puede convertirse en un problema mucho, mucho mayor. A veces, el silencio digital es la mejor (y única) opción.
