Agárrense, que vienen curvas… o mejor dicho, paquetes, pero con un drama que ni en la mejor serie de Netflix. La eterna rivalidad entre el cartero de toda la vida y el flamante repartidor de Amazon ha alcanzado un nuevo nivel de tensión, y no precisamente de eficiencia en la entrega. En Hacienda Heights, California, lo que empezó como una discusión por una plaza de aparcamiento, acabó en un tiroteo con un desenlace que nadie esperaba, salvo quizás los guionistas de una comedia negra muy, muy oscura.
Todo sucedió el jueves pasado, cuando Juan Reyna, un valiente cartero del Servicio Postal de Estados Unidos (USPS), se encontró con Kevin Barbee, un conductor de Amazon, en la 1600 de Vidor Avenue. ¿El detonante? Un bendito aparcamiento. Sí, lo que leen. Una de esas situaciones cotidianas que, de repente, se tuercen de la manera más surrealista y violenta.
Según los informes de la oficina del Sheriff del condado de Los Ángeles, la discusión escaló rápidamente. De las palabras pasaron a los hechos, y Barbee, el repartidor de Amazon, sacó una pistola y disparó a Reyna varias veces. Imaginen la escena: un buzón, un paquete, y de fondo, disparos. Un auténtico ‘Fast & Furious’ de las entregas a domicilio, pero con menos glamour y más balazos.
Reyna fue trasladado a un hospital local, afortunadamente en condición estable, confirmando que nuestro cartero tiene más vidas que un gato o, al menos, un chaleco antibalas invisible de la vieja escuela que le salvó el pellejo. Barbee, por su parte, se dio a la fuga en su furgoneta blanca, dejando tras de sí un rastro de incertidumbre y, probablemente, algunos paquetes sin entregar, lo cual es casi tan grave como el tiroteo en el mundo del ecommerce.
Pero la ley, como los paquetes, siempre llega a su destino. Al día siguiente, Kevin Barbee fue localizado y arrestado en Fontana. Ahora se enfrenta a cargos de intento de asesinato, lo que demuestra que lo de «el cliente siempre tiene la razón» no aplica cuando estás enfrascado en una guerra territorial por un hueco para aparcar, y menos aún si recurres a la fuerza bruta.
Esta historia, que parece sacada de un guion de película, nos deja claro que el estrés del reparto a domicilio es real, pero quizás algunos deberían plantearse técnicas de relajación antes de coger el volante y, por supuesto, antes de coger un arma. ¿Quién diría que la batalla por el último rincón libre en la calle sería más intensa que la batalla por el último iPhone? Esto sí que es un «delivery» de alto voltaje.




