
En un giro de acontecimientos que haría sonrojar al mismísimo Tío Gilito, el gigante financiero Bank of America (BofA) ha sido arrastrado a los tribunales por una práctica tan absurda como mezquina: no pagar a sus empleados por pasar los controles de seguridad obligatorios al final de su jornada laboral. Sí, lo han leído bien. El banco que mueve miles de millones de dólares, está bajo la lupa legal por escatimar unos pocos minutos de sueldo a sus trabajadores.
La demanda, presentada como acción colectiva en Estados Unidos, apunta directamente a los centros de llamadas de la entidad. Al parecer, la rutina de salida para estos empleados no es simplemente fichar y marcharse, sino someterse a un riguroso proceso de ‘desactivación’ que incluye pasar por detectores de metales y, en algunos casos, someterse a cacheos o inspecciones de bolsos.
El problema, y aquí es donde la cosa se pone legalmente picante, es que los empleados estaban obligados a pasar por estas medidas de seguridad *después* de haber fichado su salida. Es decir, oficialmente habían terminado su jornada, pero seguían bajo las órdenes de la empresa realizando una tarea mandatoria. Según los demandantes, este proceso podía llevar entre cinco y quince minutos extra al día. Aunque parezca poco, si sumamos ese tiempo robado diariamente a cientos de trabajadores durante años, la cantidad de fraude salarial que se acumula es astronómica.
Los abogados de los empleados argumentan que, dado que el proceso de seguridad es obligatorio y está diseñado para beneficiar exclusivamente a BofA (asegurando que los trabajadores no se lleven información sensible o pertenencias del centro), ese tiempo debe ser remunerado. Es el clásico ‘trabajo es trabajo’, independientemente de si estás contestando un teléfono o esperando a que un guardia te cachee.
Este caso no solo pone de relieve las ridículas longitudes a las que llegan algunas corporaciones para ahorrar unos céntimos a costa de sus empleados, sino que también resalta la delgada línea entre la seguridad corporativa y el robo de tiempo. Es difícil no reírse ante la imagen de uno de los bancos más grandes del mundo arriesgándose a una multa masiva por no querer pagar el par de euros que cuesta revisar un bolso. Parece que la avaricia, incluso a pequeña escala, nunca descansa.
