Aves con crisis de identidad: el cambio de sexo es más popular de lo que imaginas

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Piénsalo por un momento. En el gran libro de la naturaleza, las cosas suelen parecer bastante claras: o eres macho o eres hembra. Pero la biología, que tiene más giros de guion que una telenovela, a menudo nos sorprende. Y resulta que el mundo de las aves es mucho más fluido y rebelde de lo que nos contaron en clase de ciencias.

Para entender el meollo, un poco de contexto. En los humanos, la cosa va de cromosomas X e Y: XX para chicas, XY para chicos. Sencillo. Las aves, en cambio, juegan con otras letras: Z y W. Los machos son ZZ y las hembras son ZW. Hasta aquí, todo parecía en orden. O eso creíamos hasta que un equipo de científicos de la Universidad de Sheffield decidió ponerse a cotillear el ADN de miles de pájaros y se quedó, como se suele decir, flipando.

Su investigación, publicada en la revista ‘Biology Letters’, destapó algo increíble: el ‘cambio de sexo’ a nivel biológico es algo sorprendentemente habitual en el reino aviar. Las cifras son para no creérselas: aproximadamente uno de cada 200 pájaros nace con una combinación de cromosomas que no se decide. Hablamos de bichos con configuraciones genéticas atípicas como ZZW o ZZZ.

Lo lógico sería pensar que estas pobres criaturas estarían hechas un lío, pero aquí viene lo bueno. Muchos de estos pájaros, con su DNI genético diciendo una cosa, deciden por su cuenta desarrollarse como el sexo opuesto. Por ejemplo, un ave que genéticamente es hembra (porque tiene el cromosoma W) crece y se convierte en un macho perfectamente funcional, que canta, busca pareja y hasta cría a sus polluelos como si tal cosa. Es como si el pájaro mirase a sus propios cromosomas y les dijera: ‘No me representas’.

Para que te hagas una idea de lo excepcional que es esto, en mamíferos (incluidos nosotros), estas anomalías cromosómicas ocurren en uno de cada 5.000 casos y, a menudo, vienen acompañadas de problemas de salud o infertilidad. Las aves, en cambio, parece que se toman estas cosas con mucha más naturalidad y siguen con su vida.

Según el Dr. David S. Richardson, el autor principal del estudio, este hallazgo sugiere que la determinación del sexo en las aves no depende tan rígidamente de un único gen en un cromosoma sexual, como ocurre en los mamíferos con el famoso gen SRY del cromosoma Y. Las aves tienen un sistema más flexible, más distribuido, casi más anárquico. Su biología es, básicamente, más punk.

Así que la próxima vez que veas a un gorrión en el parque, recuerda que quizás su vida interior es mucho más compleja de lo que aparenta. La naturaleza es una caja de sorpresas, y las aves acaban de demostrar que las etiquetas, a veces, se quedan muy, muy cortas.