Amigas y amigos, tenemos que hablar de una de esas pifias logísticas que solo ocurren en las noticias que realmente importan. En serio, si creías que los atascos de tráfico eran malos, imagina uno causado por la compota de manzana. Lo que pasó en la Interestatal 57, cerca de la milla 68 en el Condado de Franklin, Illinois, es el tipo de suceso que da nombre a la categoría de ‘noticias extrañas’.
El protagonista de este empantanamiento dulce fue un camión de gran tonelaje que, por causas que aún investigan—y esperemos que no fuesen las ganas irrefrenables del conductor de merendar su carga—terminó volcando. El conductor, según confirmaron las autoridades de la Policía Estatal de Illinois, solo sufrió heridas leves, lo cual es una excelente noticia. Lo no tan excelente fue lo que venía detrás: miles y miles de tarros de puré de manzana.
El impacto de la mercancía contra el asfalto transformó el camión en una coctelera gigante de cristal y fruta triturada. El resultado: la I-57 quedó literalmente cubierta por una alfombra gruesa y pegajosa de puré de manzana. No era un charquito, era un mar de postre que cubría carriles enteros. Intentar conducir sobre aquello sería el equivalente a patinar sobre hielo mezclado con pegamento comestible; un desastre para la tracción y un sueño (o pesadilla) para cualquier fanático de la repostería.
Obviamente, esta gigantesca ración de postre callejero paralizó el tráfico. La carretera tuvo que ser cerrada, obligando a los sufridos conductores a buscar rutas alternativas mientras los equipos de emergencia se enfrentaban a una misión que parecía sacada de un videojuego: ¿cómo diablos se limpia una autopista de puré de manzana? No vale con una fregona normal, se requiere maquinaria pesada, probablemente lanzallamas y mucha paciencia.
En resumen, la próxima vez que te quejes de que tu compota está demasiado espesa, recuerda a los pobres agentes de la Policía Estatal de Illinois que tuvieron que lidiar con la versión a escala de autopista. Un auténtico drama dulce, pero drama al fin y al cabo, que demuestra que hasta la carga más inocente puede causar el caos más absoluto.




