
Imagínate la escena: estás tranquilamente en tu trabajo, despachando el café o lo que toque, y de repente, un tipo te dispara con una pistola de balines. ¿El colmo? Que el agresor, ya con la policía pisándole los talones, se disculpe contigo argumentando que «había reaccionado exageradamente» y que, por si fuera poco, «había tenido un mal día». Pues esto es exactamente lo que le ocurrió a Edward Kownaski, un dependiente de 58 años en un Stewart’s Shop de Delmar, Nueva York. Una jornada laboral que pintaba ser más de lo mismo, se transformó en una anécdota digna de guion de comedia negra.
Todo empezó el 22 de octubre. Nicholas J. Zullo, un joven de 28 años, se presentó en la tienda de Delaware Avenue con la clara intención de amargarle el día a alguien más. Sin preámbulos, sacó una pistola de balines y disparó a Kownaski en el pecho. Por suerte, las heridas fueron leves y nuestro valiente dependiente pudo ser atendido por los servicios de emergencia sin mayores complicaciones. Un susto, sí, pero de los que te dejan la adrenalina por las nubes.
Pero Zullo no se conformaba con un simple disparo. Después de sembrar el caos en la tienda, huyó del lugar como si no hubiera un mañana. ¿Su siguiente parada en esta peculiar «jornada de excesos»? Intentar robarle el coche a una mujer que estaba tranquilamente en el aparcamiento. Sí, porque si ya te has puesto con la aventura delictiva, ¿por qué no añadir un intento de robo de vehículo al currículum del día?
La odisea de Zullo, sin embargo, tuvo un final abrupto y bastante previsible. La policía de Bethlehem lo localizó y detuvo poco después en Delaware Avenue. Y aquí viene la joya de la corona: según relató el teniente Robert Winn, portavoz de la policía, Zullo, con una serenidad digna de mejor causa, se disculpó con el dependiente Edward Kownaski. Su justificación, para enmarcarla: «había reaccionado exageradamente» porque, simplemente, «había tenido un mal día». ¡Menuda manera de minimizar un asalto con arma y un intento de robo!
Como era de esperar, las autoridades no compartieron la singular perspectiva de Zullo sobre lo que constituye un «mal día». Fue acusado de un rosario de delitos, incluyendo intento de robo en primer grado, agresión en segundo grado, intento de hurto, amenazas, posesión criminal de un arma y hurto menor. Fue enviado a prisión sin fianza, donde tendrá tiempo de sobra para reflexionar sobre la magnitud de sus «reacciones exageradas» y, quién sabe, quizás hasta encuentre una terapia para sus «malos días» que no incluya balines ni intentos de carjacking.
