
Agárrense, que vienen curvas en el mundo de la economía. Siempre nos han enseñado que los aranceles son el ogro del consumidor: impuestos a las importaciones que encarecen los productos y nos dejan el bolsillo temblando. Pues bien, parece que un grupo de investigadores ha decidido darle la vuelta a la tortilla, o al menos, al manual de economía básico.
Resulta que unos lumbreras de la Reserva Federal de Nueva York, junto con colegas de Princeton y Columbia, se han puesto a mirar con lupa los aranceles que la administración Trump impuso a las importaciones chinas entre 2018 y 2019. Y su conclusión es para enmarcar: no solo no provocaron un aumento de la inflación, ¡sino que la bajaron y, de propina, aumentaron los salarios en las industrias afectadas! Sí, sí, han leído bien, no es una broma del Día de los Inocentes.
Según este estudio, los precios de los bienes a los que se aplicó arancel se redujeron, ojo al dato, un 3,1% en comparación con los que no fueron tocados. Y por si fuera poco, los sueldos en esos sectores afortunados subieron un 3,4%. Esto es como si te dijeran que comer chocolate adelgaza o que la Tierra es plana, pero con datos y gráficos de por medio.
¿Y cómo es posible este milagro económico? Los investigadores sugieren varias razones, igual de sorprendentes. Parece ser que los productores extranjeros, para no perder su trozo de pastel en el mercado estadounidense, absorbieron parte del coste del arancel. ¡Como si invitaran ellos a la ronda! Además, los importadores de EE. UU. se las apañaron para buscar proveedores más baratos en otros lares, lo que generó más competencia y, al final, bajó los precios. Por otro lado, el aumento de los salarios podría explicarse por una mayor producción doméstica o una menor competencia por la mano de obra.
Claro, no todo el mundo se lo ha tragado a la primera. Otros economistas, aferrados a sus libros de texto, siguen defendiendo que los aranceles son, y serán, un impuesto al consumidor. Este estudio es una mosca blanca en un campo de ovejas negras (o al revés, según se mire), un hallazgo que ha dejado a más de uno rascándose la cabeza y revisando sus apuntes de macroeconomía. Sea como fuere, la noticia es que, al menos en este caso particular, la economía ha decidido comportarse de una forma que ni el más imaginativo de los guionistas de ciencia ficción se habría atrevido a escribir. ¡Quién dijo que la economía era aburrida!
