Andrew Tate declara que leer es para tontos porque él es demasiado inteligente

Andrew Tate declara que leer es para tontos porque él es demasiado inteligente
El controvertido influencer Andrew Tate ha declarado que se considera "demasiado inteligente para leer", calificando los libros como una "pérdida de tiempo". Argumenta que su capacidad mental superior le permite absorber información de la vida y las conversaciones de forma mucho más eficiente que mediante la lectura.
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Atención, amantes de la tinta, que tenemos una noticia que os va a hacer chirriar los dientes. El conocido y siempre polémico Andrew Tate ha soltado una perla que ya está dando la vuelta a internet: resulta que leer libros es, según él, una actividad totalmente obsoleta, ineficiente y, francamente, para gente que no está a su nivel intelectual.

La revelación: el cerebro de Tate funciona a otra velocidad

En una de sus recientes intervenciones, Tate —famoso por sus coches de lujo, sus discursos de ‘macho alfa’ y sus constantes controversias— explicó por qué su biblioteca personal probablemente solo contenga facturas. Su argumento central es simple: él está «demasiado capacitado mentalmente» para perder el tiempo pasando páginas.

Según el gurú de las redes, los libros son el equivalente a un DVD de los años 90 en la era del streaming 4K. El proceso de obtener información de un texto escrito es, para él, dolorosamente lento. «¿Por qué voy a leer un libro de 300 páginas para obtener tres ideas?», parece ser el mantra que le impide acercarse a cualquier volumen, sea de filosofía, autoayuda o, ya puestos, un cómic. Considera que la lectura es solo un método ineficaz para la transferencia de información y que es apto solo para quienes necesitan que el conocimiento les sea «servido en bandeja».

El método Tate: aprender observando la vida

Si no lee, ¿cómo se informa este genio moderno? Tate asegura que su fuente principal de conocimiento es la vida misma. Él no necesita que le sirvan la información con capítulos, índices y tapas duras. Su mente superdotada, aparentemente, absorbe el conocimiento directamente del ambiente y de las interacciones humanas.

Prefiere la observación, la experiencia directa y, sobre todo, las conversaciones. En lugar de sumergirse en la prosa de un autor de renombre, Tate prefiere charlar con gente y extraer el conocimiento de forma instantánea y fluida. Es como si su cerebro tuviera un Wi-Fi directo con la verdad universal, sin necesidad de cables (o páginas). Su premisa se basa en que la información relevante se puede obtener y procesar mucho más rápido que siguiendo la estructura lineal de un libro.

¿Es un ataque a la literatura o simple marketing personal?

Es evidente que este tipo de declaraciones son puro oro de clickbait. Tate, que sabe cómo mantener el foco de atención sobre sí mismo, ha encontrado una nueva forma de molestar a una gran parte de la población: a los ratones de biblioteca. Si bien la crítica a la eficiencia de la lectura puede tener un punto tangencial en la sociedad actual de la inmediatez, afirmar que uno es demasiado listo para ello es una jugada arriesgada, aunque muy acorde a su estilo.

Así que, mientras el resto del mundo sigue debatiendo si Don Quijote es mejor que Cien años de soledad, Andrew Tate seguirá aprendiendo cosas observando cómo funciona el semáforo. La próxima vez que te encuentres con un libro, recuerda: si lo estás leyendo, quizás solo signifique que aún no has alcanzado el nivel de superioridad mental de Andrew Tate. ¡A seguir pasando las páginas, «menos capacitados»!