Anciano multado por escupir una hoja: el viento tuvo la culpa

Anciano multado por escupir una hoja: el viento tuvo la culpa
Allan Thomson, un jubilado escocés de 84 años, fue multado con 100 libras por "ensuciar la vía pública" al escupir una hoja que el viento le había colado en la boca. La absurda situación ha generado indignación, y Thomson planea recurrir la sanción, calificándola de "vergüenza". Una historia que te hará replantearte qué es basura.
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Te imaginas ir tan tranquilo por la calle y que el viento te juegue una mala pasada tan cómica como para que te cueste una multa? Pues esto le ha pasado a Allan Thomson, un escocés de 84 primaveras que, desde luego, no se esperaba ser el protagonista de una de las sanciones más surrealistas del año.

Nuestro hombre, paseando por Falkirk, Escocia, fue víctima de un ‘ataque’ inesperado de la naturaleza. Una hoja, ni más ni menos, decidió hacerle una visita a su boca, cortesía de una ráfaga de viento. ¿Qué hizo Allan, como cualquier ser humano en su sano juicio? Pues la escupió, claro, y siguió su camino como si nada. Un acto reflejo, vaya.

Pero, ay, amigos! Lo que para Allan era un simple incidente sin importancia, para un celoso agente de la autoridad era un crimen contra la limpieza pública. Ni corto ni perezoso, el agente le impuso una multa de 100 libras esterlinas (¡que son más de 100 eurazos!) por ‘ensuciar la vía pública’. ¡Por escupir una hoja que el viento le había endosado!

Allan, con sus 84 años y toda una vida de ciudadano ejemplar a sus espaldas, no se lo podía creer. «Solo iba caminando, y de repente, esta hoja se me metió en la boca. La escupí al suelo y no le di más importancia», ha declarado. «Tengo 84 años y soy un ciudadano respetuoso con la ley. Esto es una vergüenza. No la voy a pagar». Su indignación es comprensible, ¿quién no se sentiría así ante semejante despropósito?

Mientras tanto, el Ayuntamiento de Falkirk, con su habitual tono institucional, ha soltado la frase de rigor: «Cuando se trata de basura, el mensaje es simple: ponla en una papelera o llévatela a casa. Hay más de mil papeleras en el distrito, así que no hay excusa para ensuciar». Con todo el respeto, señor ayuntamiento, ¿se aplica eso también a las hojas que el viento te cuela en la boca y que son, esencialmente, parte del entorno natural? ¿Debería Allan haber cogido la hoja y buscar la papelera más cercana? ¿O quizás habérsela tragado? La situación roza el absurdo.

La historia de Allan es un claro ejemplo de que, a veces, la letra pequeña de la ley se aplica con una rigidez que roza el esperpento. Veremos cómo termina esta batalla legal entre un octogenario indignado y una hoja traicionera. Mientras tanto, ya sabéis, ¡cuidado con el viento y lo que os meta en la boca! No vaya a ser que la naturaleza os haga una mala jugada y acabéis con una multa por ‘contaminación botánica’.