
Mientras en Amherst, Nueva Escocia, la gente se prepara para elegir a su próximo alcalde humano, toda la atención y, lo que es más importante, la ‘pasta’, se la están llevando dos contendientes de cuatro patas. Estamos hablando, por supuesto, de la campaña electoral para el ‘alcalde mascota’ honorífico, una iniciativa que ha demostrado ser mucho más atractiva que cualquier debate sobre infraestructuras o impuestos.
La genial idea detrás de estas elecciones peludas es tan noble como divertida: recaudar fondos cruciales para el Refugio de Animales LA de la localidad. El sistema de votación es brutalmente simple y totalmente efectivo: cada voto cuesta dos dólares canadienses (CAD), y cada dólar va directamente a ayudar a los animales necesitados. Así que, básicamente, la popularidad de un perro se mide por la generosidad de sus seguidores.
En la arena política canina tenemos a dos titanes. Por un lado, está Beau, un bulldog francés que, según parece, está tirando la casa por la ventana en cuanto a carisma se refiere. Beau está arrasando en las encuestas, o mejor dicho, en las cuentas bancarias. Ha logrado amasar 2.400 votos, lo que supone una suma considerable de dinero fresco para el refugio. Su estrategia de campaña, sea cual sea, está funcionando a las mil maravillas, probablemente basándose en esa mirada de bulldog que dice: «Dame mi voto, humano, o te pongo la casa perdida de babas».
Frente a él se encuentra Winston, un majestuoso perro terranova. Aunque Winston es notablemente más grande y probablemente más fotogénico, por el momento va rezagado en la recaudación. Ha conseguido 900 votos, una cifra respetable, pero está claro que tiene que echar el resto si quiere arrebatarle la alcaldía honorífica a Beau. La ciudad está flipando con esta competición paralela que ha eclipsado por completo la aburrida elección municipal de los humanos.
No solo es una forma fantástica de involucrar a la comunidad, sino que el Ayuntamiento ha conseguido convertir lo que podría haber sido una campaña electoral tensa y aburrida en un evento comunitario hilarante y solidario. Un gran ejemplo de cómo hacer que las elecciones sean divertidas y que, de paso, sirvan para algo realmente útil.
