Agárrense los machos, porque la burocracia alemana no se va a ir corriendo, más bien… arrastrándose durante los próximos dos siglos. Y no lo decimos nosotros, ¡lo dice el propio gobierno alemán! Imaginen la escena: un grupo de trabajo, formado con la noble misión de cortar por lo sano el papeleo y la ‘cinta roja’ que asfixia al país, ha echado números y el resultado es, cuanto menos, para enmarcar y reír por no llorar.
El plan, el ambicioso plan de reducción de la burocracia, se estima que tardaría nada menos que 200 años en implementarse por completo, si se mantiene el ritmo actual. Sí, han leído bien: doscientos años. Casi como para pedir cita para la próxima reforma burocrática desde el siglo XXII. Lars Klingbeil, colíder del Partido Socialdemócrata (SPD), dejó caer este dato, calificado de «chocante», durante un debate parlamentario, dejando a más de uno con la boca abierta. La noticia, recogida por el prestigioso Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ), no tardó en hacer que a muchos se les cayera el café.
Todo empezó en 2022, cuando la coalición del canciller Olaf Scholz, harta de que los procesos administrativos fueran más lentos que el caballo del malo, puso en marcha el ‘Grupo de Trabajo para la Reducción de la Burocracia’ (Arbeitsgruppe Bürokratieabbau). Su objetivo era ambicioso y concreto: reducir la burocracia un 25% antes de que termine esta legislatura en 2025. Un sprint para la administración, ¿verdad? Pues parece que se han encontrado con un maratón que ni el mismísimo Filípides en sus peores pesadillas.
La ironía es que un grupo creado precisamente para agilizar las cosas haya puesto de manifiesto la magnitud del problema de una forma tan… elocuente. Aunque se han logrado algunos avances, como la digitalización de solicitudes y la reducción de algunas obligaciones estadísticas, parece que son solo gotas en un océano de formularios y trámites. La oposición, como era de esperar, no ha tardado en sacar el hacha. La CDU/CSU ha criticado la lentitud del gobierno, con Markus Söder (CSU) tachando el proceso de «reducción lenta de la burocracia».
Así que, mientras los líderes alemanes se estrujan los sesos para cumplir sus metas a corto plazo, la sombra de esos 200 años se cierne sobre cada papel que firman, recordándoles que hay barreras que ni el más eficiente de los sistemas puede derribar de la noche a la mañana. Al menos, tenemos tema de conversación (y de risa) para rato, o mejor dicho, ¡para dos siglos!




