Por qué en alemán el nabo es ella y la señorita es ello

Mark Twain lo dejó escrito en 1880: en alemán la palabra para «chica» es neutra y la del nabo, femenina. Y detrás hay una regla muy concreta…

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Mark Twain lo dejó escrito en 1880: en alemán la palabra para «chica» es neutra y la del nabo, femenina. Y detrás hay una regla muy concreta…

«Wilhelm, ¿dónde está el nabo?». «Ella se ha ido a la cocina». «¿Dónde está la consumada y bella señorita inglesa?». «Ello se ha ido a la ópera». El diálogo lo imprimió Mark Twain en 1880 y aseguraba haberlo traducido de un libro de escuela dominical alemán. No es la pifia de un principiante: es una acusación.

En alemán, el género gramatical no tiene por qué coincidir con el sexo de aquello que nombra. Das Mädchen, la palabra corriente para «chica», es de género neutro; die Rübe, la palabra para «nabo», es femenina. Twain, el autor de Las aventuras de Huckleberry Finn, le dedicó al asunto un ensayo entero, The Awful German Language, publicado como apéndice D de su libro de viajes A Tramp Abroad.

En alemán, una señorita no tiene sexo, mientras que un nabo sí. Piensa en la desmesurada reverencia que eso demuestra hacia el nabo y en la insensible falta de respeto hacia la muchacha.

¿Por qué Mädchen es neutro en alemán?

Aquí sí hay regla, y es de manual. Mädchen es un diminutivo: viene de Magd («doncella», «moza»), que es femenino, más el sufijo -chen. Y en alemán los diminutivos acabados en -chen y en -lein —los diminutivos de verdad, no las palabras que solo terminan así— son siempre neutros, venga de donde venga la palabra original y sea quien sea la persona de la que se habla.

Por eso das Fräulein («señorita», de Frau más -lein) también es neutro. Con el nabo, en cambio, no hay truco que valga: die Rübe es femenino porque sí. Twain lo resumía sin piedad: cada sustantivo tiene género, en el reparto no hay ni sentido ni sistema, y el único camino es aprendérselo de memoria uno por uno.

Retrato en blanco y negro de Mark Twain, de pelo y bigote blancos, con traje claro de tres piezas
Mark Twain, retratado hacia 1907. Foto: Biblioteca del Congreso de EE. UU., vía Wikimedia Commons (dominio público).

¿Qué otras palabras cambian de género?

El inventario que dejó escrito sigue cuadrando hoy. El árbol es masculino, sus brotes son femeninos y sus hojas, neutras. Los perros son masculinos y los gatos, femeninos, machos incluidos. Y Weib, la vieja palabra para «mujer» o «esposa», es neutra, aunque hoy suene despectiva y casi nadie la use ya con ese sentido.

Los idiomas están llenos de reglas igual de tercas: una monja del siglo XII se inventó una lengua entera, hay cinco letras que los medicamentos esquivan a propósito y basta repetir una palabra treinta veces para que deje de sonar real.

¿Cómo lo resuelven los alemanes al hablar?

En la calle casi nadie llama «ello» a una chica. El artículo no se toca —sigue siendo das Mädchen—, pero en cuanto la frase siguiente pide un pronombre, lo habitual es que el hablante cambie a sie, «ella». Los lingüistas lo llaman constructio ad sensum: la concordancia se hace con el significado y no con la etiqueta gramatical.

Twain no se quedó en la queja. Al final del ensayo enumeró las reformas que, según él, arreglarían el alemán, y la cuarta era reorganizar los sexos y repartirlos conforme a la voluntad del Creador. Como tributo de respeto, escribió, aunque no sirviera para nada más.

Vía Futility Closet. El texto del apéndice, en Wikisource y en Project Gutenberg; la regla de los diminutivos y la etimología de Mädchen, en DWDS y Wikipedia; el uso real de sie, en Wikipedia en alemán.