Agente de la Ley Detenido por la Ley de Inmigración

Agente de la Ley Detenido por la Ley de Inmigración
Bartley Joseph Mac-Donald, un expolicía de Maine, ha sido detenido por el servicio de inmigración de EE. UU. El agente, de origen canadiense, trabajó durante años como policía mientras su visado estaba caducado. Finalmente, ha aceptado ser deportado voluntariamente, cerrando un capítulo de lo más irónico.
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Hay días en los que la realidad escribe guiones que ni el mejor cómico podría imaginar. La historia de hoy nos lleva a Millinocket, un tranquilo pueblo de Maine (EE. UU.), y tiene como protagonista a Bartley Joseph Mac-Donald, un hombre que durante años fue un respetado agente de policía local. Ponía multas, patrullaba las calles e incluso trabajó un tiempo como agente de recursos escolares. Un pilar de la comunidad, vamos. Pero, como en toda buena historia, hay un giro de guion monumental: Bartley, el policía, era en realidad un inmigrante en situación irregular.

La trama se remonta a los años 90, cuando Mac-Donald, ciudadano canadiense, llegó a Estados Unidos para ir a la universidad. Años más tarde, en 2004, consiguió un puesto en el Departamento de Policía de Millinocket. El problema es que su visado de trabajo tenía fecha de caducidad, y esta llegó en 2005. A pesar de ello, siguió con su placa y su pistola durante tres años más, hasta que dejó el cuerpo en 2008. Durante todo ese tiempo, un agente de la ley estuvo, técnicamente, infringiendo la ley de inmigración del país que juró proteger.

La cosa se complica cuando, tras intentar regularizar su situación, su solicitud de residencia permanente fue denegada. Las autoridades le comunicaron amablemente que debía hacer las maletas y volver a Canadá. Sin embargo, parece que a Bartley le gustó la vida en Maine y decidió quedarse un poquito más. Un poquito que duró hasta que los agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) se presentaron en su casa para detenerle. La estampa es digna de una película: un policía siendo arrestado por otros ‘policías’ de inmigración.

El desenlace fue rápido. Ante un juez de inmigración en Boston, Mac-Donald no tuvo más remedio que aceptar la realidad. No era elegible para ninguna medida que evitara su expulsión, así que acordó una deportación voluntaria. Su abogado lo describió como ‘un buen policía’ y ‘un buen hombre que tomó una mala decisión’. Una decisión que le ha costado el regreso forzoso a la tierra de la hoja de arce, dejando tras de sí una de las anécdotas más irónicas que se recuerdan en la historia policial de Maine.