A veces, las noticias parecen sacadas de una comedia, pero esta es tan real como conmovedora. Pónganse en situación: una solemne ceremonia militar, uniformes impolutos, una corneta que entona el toque de silencio (‘Taps’) y una bandera de Estados Unidos doblada con precisión ceremonial. El homenajeado, sin embargo, no es un soldado, sino un miembro de la tropa con bastante más pelo y una clara afición por las siestas al sol: Ashli, la gata.
Durante 16 largos años, Ashli fue mucho más que un simple felino para la 140ª Ala de la Guardia Nacional Aérea de Colorado, en la Base Buckley. Fue la mascota oficial, el alivio cómico y una fuente constante de moral para todo el personal. Llegó a la base siendo apenas un cachorro y se convirtió en una institución con bigotes.
Tras una vida entera dedicada al noble arte de patrullar pasillos y recibir caricias, Ashli falleció debido a una enfermedad crónica. Y su unidad decidió que una vida de servicio merecía una despedida a la altura. Ni cortos ni perezosos, le organizaron un funeral con todos los honores militares.
La ceremonia fue un despliegue de respeto castrense. Un miembro de la guardia de honor portó la caja con los restos de Ashli, mientras un corneta interpretaba la emotiva melodía de despedida. El momento culminante llegó cuando una bandera estadounidense, cuidadosamente doblada, fue entregada a sus dueños, los Sargentos Maestros Christa y Mike Jones, quienes la habían cuidado durante todos estos años.
Para añadir más solemnidad al asunto, se leyó un panegírico en su honor. Y es que Ashli no era una gata cualquiera; su nombre era un tributo al Mayor William ‘Droopy’ Schroeder, el primer miembro de la Guardia Nacional Aérea de Colorado caído en combate en Irak. Un gesto que demuestra el profundo cariño y respeto que este animal se había ganado. Sin duda, una misión cumplida con honores para la ‘Sargato’ Ashli.




