Suena en bodas, funerales y películas como joya barroca, pero lo publicó en 1958 un musicólogo que decía haber hallado un fragmento en Dresde…
Seguro que lo has oído en una boda, en un funeral o en una película lacrimógena: violines lentos, un órgano de fondo y esa melancolía que parece salida de una iglesia veneciana del siglo XVIII. Pues agárrate: el famoso Adagio en sol menor atribuido a Tomaso Albinoni lo publicó en 1958 el musicólogo italiano Remo Giazotto, dos siglos después de la muerte del compositor barroco.
Durante años, Giazotto sostuvo que se había basado en un fragmento original de Albinoni. El problema es que ese fragmento nunca lo vio nadie más.
¿Quién compuso de verdad el Adagio de Albinoni?

Tomaso Albinoni (1671-1751) fue un compositor veneciano que escribió decenas de óperas y mucha música instrumental. Remo Giazotto (1910-1998) fue su gran estudioso: escribió su biografía y elaboró el catálogo de sus obras. Vamos, que si alguien sabía imitar a Albinoni, era él.
En 1958, Giazotto registró a su nombre y publicó una pieza con un título que ya lo dice todo: Adagio en sol menor para cuerdas y órgano, sobre dos ideas temáticas y un bajo cifrado de Tomaso Albinoni. Es decir, la obra era suya; lo de Albinoni, en teoría, solo el punto de partida. Hoy la mayoría de los expertos la consideran, sin más, una composición de Giazotto.
¿Qué pasó con el fragmento de Dresde?
Según Giazotto, al acabar la Segunda Guerra Mundial consiguió el documento en la Biblioteca Estatal de Sajonia, en Dresde, cuyos edificios habían quedado destrozados por los bombardeos aliados de 1945. El fragmento contenía, siempre según él, la línea del bajo y seis compases del primer violín de una sonata en trío de Albinoni.

Pero Giazotto nunca enseñó ese manuscrito, y no se ha encontrado ningún registro oficial de que estuviera en la colección de la biblioteca. Para rematar, al final de su vida cambió de versión y llegó a negar que la pieza se basara en un fragmento de Albinoni.
Un musicólogo, una biblioteca en ruinas y un fragmento que nunca salió a la luz: el Adagio de Albinoni tiene más de novela que de partitura.
La historia tuvo un giro más: la musicóloga Muska Mangano, última ayudante de Giazotto, aseguró haber encontrado una transcripción del bajo y de seis compases del primer violín con un sello que indicaba su procedencia de Dresde. Eso no zanja nada, pero da algo de aire a la versión del musicólogo.
¿Por qué el Adagio sigue llevando el nombre de Albinoni?
Porque la etiqueta se quedó pegada. La pieza sonó en El proceso (1962) de Orson Welles, en Gallipoli (1981) y en Manchester frente al mar (2016), y en todas partes sigue apareciendo como «de Albinoni». No es el único caso de melodía famosa con autoría sorprendente: el tono de Nokia salió de una pieza de Tárrega, y hay piezas que se toman su tiempo, como el concierto de 639 años que suena en una iglesia alemana.
Al menos aquí nadie cobraba entrada por ver un anfiteatro romano de hormigón. Solo te vendieron Barroco… fabricado en el siglo XX.
Vía Futility Closet, Wikipedia, Omnis Magazine, Classic FM y La Brújula Verde.
Imagen de portada generada con IA.




