
Imagínate la escena: un supermercado, un dependiente más o menos tranquilo y, de repente, entra un atracador. Pero no un atracador cualquiera. Hablamos de José de Jesús, alias ‘El Chueco’, un señor de ¡81 años! que, armado con un cuchillo, exigió ser arrestado después de su ‘gran golpe’. ¿Y qué se llevó? Nada de joyas o lingotes de oro, no. Unos cuantos paquetes de galletas saladas, unos dulces y un cartón de leche con chocolate. Un auténtico botín, vamos.
Este surrealista episodio tuvo lugar en Monterrey, Nuevo León, México, el pasado marzo. Pero la historia no es tan simple como parece. Detrás de este ‘ladrón de poca monta’ se esconde una de las motivaciones más insólitas y, a la vez, conmovedoras que uno pueda imaginar. ‘El Chueco’ no quería ni las galletas ni la leche; él lo que quería era una celda. Sí, has leído bien: su objetivo era ir a la cárcel, y por una razón de peso.
Resulta que su nieto estaba entre rejas en la prisión de Topo Chico y, al parecer, no lo estaba pasando nada bien. Abusos por parte de otros presos, extorsiones para conseguir protección… una situación de pesadilla. El pobre José había intentado por todos los medios legales ir a visitarlo o conseguir ayuda, pero nada. Estaba desesperado. Así que, ni corto ni perezoso, ideó su ‘plan maestro’: cometer un delito menor para que le metieran en el mismo sitio y, una vez dentro, poder echarle un cable a su nieto, ya fuese con dinero o con un poco de esa sabiduría de la vida que dan los años.
Cuando la policía llegó al lugar de los hechos (una tienda OXXO, para más señas), José de Jesús no solo no opuso resistencia, sino que prácticamente les suplicó que se lo llevaran detenido. En el juzgado, la cosa se puso aún más peculiar. Mientras el fiscal le pedía prisión preventiva, el anciano, lejos de asustarse, ¡le dio la razón! “Por favor, señor juez, mándeme a la cárcel”, rogaba. “Necesito entrar para ayudar a mi nieto, que está en problemas”. Imagina la cara del juez.
Pero el sistema, a veces, tiene sus propias reglas y, otras, un poco de corazón. Dada su avanzada edad y que el ‘megarobo’ de galletas no era precisamente el crimen del siglo, el juez decidió que no era viable mantenerlo preso. Le impusieron una fianza ridícula, equivalente a unos 110 dólares, y le pusieron en libertad. La indignación de José de Jesús debió ser palpable. Su gran plan para el rescate familiar se fue al traste por ser “demasiado bueno” o, mejor dicho, por su ‘delito’ ser demasiado… ¿entrañable?
Así que, al final, ‘El Chueco’ no consiguió su objetivo carcelario, pero su historia ha dado la vuelta al mundo, demostrando que el amor de abuelo, a veces, te lleva a cometer las mayores y más disparatadas ‘hazañas’. Un verdadero héroe sin celda.
