
¡Atención, atención, que la historia que os traemos hoy tiene más miga que un bocata de calamares en la Plaza Mayor! Resulta que en la tranquila localidad de Cley next the Sea, en Norfolk (Inglaterra, para los despistados), la iglesia de St Mary’s guardaba un secreto de lo más… ¡despampanante! Y no, no es que el cura dé las misas cantando por Shakira, que también tendría su aquel.
Imaginen la escena: James Wright, un tipo con el curioso curro de ‘registrador de grafitis históricos’ (¡ojalá mi orientador laboral me hubiera hablado de esto!), estaba inspeccionando los muros cuando, ¡zasca!, se topó con la sorpresa. No era un angelito ni un santo con cara de aburrimiento, no. Era una pequeña figura de piedra del siglo XIV que representaba, agárrense los machos, ¡a una mujer levantándose las faldas y mostrando sus partes más íntimas! Sí, han oído bien. Una ‘flasher’ medieval en toda regla, o como diríamos por aquí, ¡enseñando el ‘material’ sin complejos!
Estas figuras, conocidas como ‘Sheela na gigs’, son un auténtico enigma y un puntazo de la historia. Algunos eruditos dicen que eran amuletos de fertilidad (¡a ver si así la cosecha salía buena y los campos daban más que un concierto de los Rolling!), otros que una advertencia contra la lujuria (en plan ‘cuidado con lo que haces, pecador, que te vigilo’), y hay quien cree que espantaban a los malos espíritus (¡imagina al demonio huyendo despavorido ante semejante panorama!). Vamos, que la abuela medieval tenía más funciones que una navaja suiza.
Lo más curioso es que estas ‘abuelas exhibicionistas’ son más comunes en Irlanda o el oeste de Gran Bretaña, así que encontrar una en East Anglia es como hallar un trébol de cuatro hojas en el desierto o un político que cumpla todas sus promesas. ¡Un tesoro, vamos!
El guardián de la iglesia, que se podría haber llevado las manos a la cabeza o llamado al exorcista, está encantado con el hallazgo. Dice que es una forma de conectar con la gente de hace 700 años. ¡Y vaya si conecta! La talla, aunque un poco desgastada por el paso del tiempo (¡700 años no son moco de pavo y dejan huella, como las noches de fiesta!), estaba originalmente en lo alto de una repisa de ventana, quizás para que todos la vieran bien o para que solo los más curiosos (y con buena vista) la descubrieran. Ahora, para que no se nos pierda esta joya y evitar que algún listillo se la lleve de recuerdo, la han movido a un sitio más seguro y accesible, para que nadie se pierda este espectáculo de la picardía medieval.
Y ojo, que no es la única reliquia gráfica que ha salido a la luz en St Mary’s. También han encontrado dibujos de barcos y marcas de mercaderes, pero claro, al lado de nuestra protagonista enseñando sus ‘poderes’, ¡se quedan en anécdotas para contar a los nietos menos atrevidos!
Así que ya sabéis, si visitáis Norfolk, no os olvidéis de pasar por la iglesia de St Mary’s. Quién sabe qué otros secretos picantones estarán esperando a ser descubiertos entre sus piedras centenarias. ¡La Edad Media era más marchosa y descarada de lo que pensábamos!
