
Agárrense, que vienen curvas. En un giro que solo puede calificarse de surrealista, un comedor social en Florida, conocido como Shepherd’s Hope, está a punto de echar el cierre después de diez años de servicio ininterrumpido a la comunidad. ¿La razón? Pues, atención, porque no tiene desperdicio: un vecino se ha quejado… ¡del «olor a comida»! Sí, lo habéis leído bien. En un sitio donde se cocina, ¡huele a comida! Para flipar, vamos.
La historia tiene miga. Shepherd’s Hope lleva una década alimentando a entre 100 y 200 personas sin hogar y en situación de vulnerabilidad cada día en Ocoee, un pueblo de Florida Central. Cocinan de cero, con esmero, para ofrecer platos nutritivos a quienes más lo necesitan. Pero claro, esto tiene un «efecto secundario» imperdonable: el aroma a guiso casero que emana de sus cocinas.
El denunciante en cuestión es un tal Michael Straley, quien asegura que los olores a «vinagre, curry y cebolla» viajan la friolera de cien metros y le obligan a «quedarse en casa». Parece que, para el señor Straley, el olor a una comida caliente y reconfortante es una agresión olfativa de primer nivel. Como si las quejas no fueran suficientes, también se ha quejado del «ruido de los camiones» que llegan al centro, llevando suministros para alimentar a tantísima gente. ¡Qué escándalo, oiga!
Gail Jones, la directora del comedor, no sale de su asombro. «¡Es comida! ¿A qué se supone que tiene que oler?», se preguntaba con una mezcla de indignación y perplejidad. Y no es para menos. Jones sospecha que el verdadero quid de la cuestión no es el aroma a un buen sofrito, sino la presencia de las personas sin hogar a las que atienden. El clásico «ojos que no ven, corazón que no siente», pero con el olfato de por medio.
La cosa ha escalado a tal punto que el casero del local, cansado de las «constantes quejas», les ha dado un plazo de 30 días para desalojar el edificio. Así, de la noche a la mañana, un servicio vital para cientos de personas en riesgo de exclusión se ve abocado al cierre por la nariz de un vecino.
Voluntarios y beneficiarios del comedor están desolados. El cierre de Shepherd’s Hope dejará un agujero enorme en la red de apoyo para los más vulnerables de la zona. Ahora mismo, se encuentran en una carrera contrarreloj para encontrar una nueva ubicación. Una verdadera tragedia con un trasfondo cómico y absurdo, si no fuera por las serias consecuencias que acarrea. ¡Esperemos que encuentren un sitio donde el olor a solidaridad sea bienvenido!
