A la cárcel por un gato: La rocambolesca historia del cuidador felino

A la cárcel por un gato: La rocambolesca historia del cuidador felino
Stephen Perry demandó a un condado de Tennessee tras pasar cinco días en prisión por "robar" un gato. Lo encontró vagando, lo acogió por el frío y lo cuidó durante meses, creyéndolo callejero. La dueña original lo denunció, provocando su arresto por hurto, aunque el caso fue desestimado por absurdo.
0
0

Agárrense, amantes de los animales, porque la historia que os traemos desde Tennessee (EE. UU.) supera cualquier ficción gatuna. ¿Os imagináis acabar entre rejas por el simple hecho de haber sido un buen samaritano felino? Pues eso es exactamente lo que le pasó a Stephen Perry, y no, no es el argumento de una nueva comedia de Netflix.

Todo empezó con un gato atigrado, de esos que te roban el corazón con una sola mirada. Stephen, un alma caritativa, se encontró con este minino vagando cerca de su casa en Dyer County. Parecía desamparado y, con el frío apretando, decidió hacer lo que cualquier persona decente haría: darle de comer, un techo y mucho cariño. Así fue como «Tigger» (que así lo bautizó Stephen) se convirtió en un miembro más de su hogar durante dos meses. Una historia de rescate de lo más común, ¿verdad? Pues aquí es donde la cosa se tuerce, y mucho.

De repente, la dueña original del gato, Karen Gibson, apareció en escena. Y no precisamente para dar las gracias a Stephen. No, no. Gibson fue directamente a la policía, alegando que Perry no solo le había robado a su gato, sino que además había entrado en su casa para hacerlo. Un detalle que Perry siempre ha negado rotundamente, afirmando que encontró al animal en la calle.

Y aquí entra en juego el sheriff del condado de Dyer, con el agente David Johnson a la cabeza. En lugar de aplicar el sentido común o buscar una solución amigable (¿quizá un «lo siento, creí que era callejero»?), el agente Johnson decidió que lo más apropiado era tramitar una orden de arresto contra Stephen Perry por, atención, ¡hurto menor! Sí, habéis leído bien. Por un gato.

El 3 de marzo de 2023, Stephen fue arrestado y pasó nada menos que cinco días en la cárcel del condado. Cinco días, señores y señoras, por cuidar a un gato que, en su defensa, parecía no tener dueño. Imaginaos la situación: ¿compartiendo celda con ladrones de bancos y él, el «delincuente del gato»? Una auténtica locura.

Por suerte, la cordura terminó por imponerse. La Oficina del Fiscal del Distrito, al revisar el caso, desestimó rápidamente los cargos de hurto. Era evidente que no había ninguna intención de «privar permanentemente» a Gibson de su mascota, el elemento clave para probar un delito de robo. Stephen simplemente había acogido a un animal que creyó abandonado.

Pero, como era de esperar, la cosa no iba a quedar así. Perry, tras su experiencia carcelaria, ha interpuesto una demanda en el Tribunal de Distrito de EE. UU. por la friolera de al menos 75.000 dólares. Las acusaciones no son pocas: violación de derechos civiles, arresto ilegal y encarcelamiento falso, entre otras. Y no es para menos, porque el sufrimiento emocional, la humillación y el daño a su reputación por un caso tan absurdo no tienen precio… o sí lo tienen, según su abogado.

Un detalle curioso que añade más sal a la herida: el gato en cuestión tenía un microchip registrado a nombre de Gibson. Perry asegura que, aunque llevó a Tigger al veterinario para un chequeo, nadie le informó de la existencia del chip. Un despiste veterinario que, sumado a la denuncia de la dueña y la celosa actuación policial, ha creado un embrollo legal de proporciones épicas. Así que ya sabéis, la próxima vez que veáis un gatete en la calle, pensadlo dos veces antes de acogerlo. No sea que la nobleza felina os lleve directamente a la sombra.