
La población de erizos en el Reino Unido ha estado cayendo en picado en las últimas décadas, con estimaciones que apuntan a una reducción de hasta el 75% en zonas rurales desde el año 2000. Ante semejante drama, los investigadores de la Universidad de Cambridge han decidido que es hora de sacar la artillería pesada. Y no, no hablamos de poner más comida para gatos en los jardines, sino de algo digno de una película de espías: satélites espaciales y mucha, mucha inteligencia artificial.
Conoce a Tessera, el Gran Hermano de los erizos
Para frenar el declive de la especie, el equipo de expertos ha desarrollado una herramienta de IA bautizada como Tessera. Este sistema se dedica a analizar imágenes hiperdetalladas del Reino Unido capturadas desde el espacio. Su misión es determinar con precisión milimétrica dónde se encuentran los hábitats ideales para estos pequeños mamíferos espinosos y, lo más importante, dónde están desapareciendo.

Los mapas resultantes son tan precisos que capturan hasta el último seto del campo. Y si hay nubes, no pasa nada: la IA es capaz de predecir dónde se esconde un buen refugio para erizos incluso a ciegas. Anil Madhavapeddy, profesor de computación planetaria en Cambridge, explica que lidiar con estos datos satelitales no es moco de pavo:
«Los datos de los satélites son muy complicados de usar y tienen mucho ruido, porque tienes que hacer cosas como quitar las nubes y ajustar el día y la noche. Tessera comprime toda esa información y nos da mapas facilísimos de usar para hacer preguntas muy específicas desde el espacio».
El nacimiento de los digi-hogs
Toda esta tecnología punta se combina con datos de erizos que llevan instalados diminutos rastreadores GPS (un proyecto similar ya está en marcha en Irlanda del Norte, donde los erizos llevan una especie de «mochila» de rastreo). A estos ejemplares cibernéticos, los investigadores los llaman cariñosamente digi-hogs.

El profesor Silviu Petrovan, gerente de estrategia e investigación en el People’s Trust for Endangered Species, se muestra muy optimista con este despliegue tecnológico. Según él, el objetivo es entender qué barreras concretas impiden a los erizos encontrar comida, buscar pareja y moverse seguros por el campo. Básicamente, están usando tecnología espacial para asegurarse de que estos pequeñajos puedan tener citas y cenar tranquilos.
Ordenadores debajo de la mesa para salvar el mundo
Pero procesar toda esta información no es fácil. Para entrenar al sistema Tessera y que pudiera identificar animales y objetos en las imágenes, los científicos tuvieron que usar cerca de 20 petabytes de datos, lo que equivale a unos 10.000 millones de fotos digitales estándar.
¿El resultado? El equipo alcanzó rápidamente los límites de potencia informática que les había asignado la universidad. Lejos de rendirse, tiraron de ingenio (y de regletas) y comenzaron a instalar procesadores adicionales debajo de sus propios escritorios para que la maquinaria no se detuviera. Afortunadamente, un nuevo acuerdo con gigantes tecnológicos estadounidenses les ha dado acceso a más infraestructura, salvando así sus piernas del calor extremo de las CPU.
Aunque algunos critican el alto consumo energético de la IA por su impacto medioambiental, sistemas de código abierto como Tessera ya están siendo utilizados por más de 100 grupos de investigación para fines que van más allá de los erizos, como monitorizar cultivos y mapear la agricultura británica. Está claro que el futuro de la conservación pasa por mirar al espacio para salvar lo que tenemos bajo nuestros pies.
