Investigador usa inteligencia artificial para envenenar a su compañero de laboratorio por un ascenso

Investigador usa inteligencia artificial para envenenar a su compañero de laboratorio por un ascenso
La envidia laboral ha llegado a niveles extremos en la Universidad de Wisconsin, donde un investigador intentó envenenar a un compañero tras perder un ascenso. Lo más sorprendente es que recurrió a ChatGPT para calcular la dosis exacta de los químicos letales.
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El compañero de trabajo tóxico llevado al extremo

Todos hemos tenido alguna vez un compañero de trabajo difícil. Ya sabes, el típico que no limpia su taza en el office o el que se apropia de tus méritos frente al jefe. Pero Makoto Kuroda, un trabajador de laboratorio de 41 años en la Universidad de Wisconsin, ha llevado el concepto de ambiente laboral tóxico a un nivel completamente literal y peligroso.

Kuroda y su compañero, identificado por las iniciales TM, trabajaban juntos en el Instituto de Investigación de la Influenza en Madison. Lo que empezó como una relación cordial de cinco años, se fue agriando poco a poco. ¿El detonante? Un ascenso que Kuroda consideraba inmerecido y una serie de manías que terminaron con un intento de homicidio.

Botella de agua envenenada en el laboratorio

La receta perfecta calculada por una IA

El maquiavélico plan de Kuroda incluyó elementos dignos de una película de espías, pero con un toque muy propio del siglo XXI: confesó haber utilizado ChatGPT para aprender la cantidad exacta de químicos necesarios para cumplir su siniestro objetivo sin dejar nada al azar.

Un cóctel en el agua y en los zapatos

El 4 de abril, la víctima intentó dar un sorbo a una botella de agua que llevaba un par de días abierta en su escritorio. El sabor era tan raro que escupió el contenido de inmediato, y otro compañero confirmó que el olor del recipiente era sumamente inusual. Por si fuera poco, días después, los zapatos de laboratorio de TM empezaron a emanar un olor insoportable.

Al contactar a la policía, los análisis confirmaron lo peor: las muestras de la botella y el calzado dieron positivo en cloroformo. La concentración era tan alta que las tiras reactivas ni siquiera podían proporcionar un resultado preciso de la cantidad de veneno.

Químicos de laboratorio y cuentagotas

Los absurdos motivos del crimen

Lejos de negar los hechos o buscar una coartada, Kuroda confesó todo el pastel tanto a TM como a un profesor de la universidad. Según sus asombrosas declaraciones, sus motivaciones fueron una mezcla de celos profesionales y una extraña obsesión por las normas de prevención de riesgos:

  • El ascenso otorgado a TM, que Kuroda sentía que le correspondía a él.
  • El hecho de que TM no seguía la regla sagrada del laboratorio de usar siempre bata y gafas protectoras.
  • Otras pequeñas rencillas cotidianas que se habían ido acumulando con el tiempo.

El investigador japonés detalló a la policía que sacó de la nevera del trabajo una mezcla de paraformaldehído (PFA) y Trizol. Metió una pequeña dosis en el agua para enfermar a su compañero, y otra cantidad en sus zapatos para causarle sarpullidos severos.

Las cosas malas le pasan a la gente mala

Esa fue la escalofriante justificación que dio Kuroda a los investigadores policiales en los documentos oficiales, añadiendo que simplemente quería que su compañero se sintiera mal y que merecía el castigo. Ahora, el científico se enfrenta a graves cargos penales por poner en peligro la seguridad de forma temeraria y adulterar productos con la intención de matar o causar daños irreparables en la salud de otro ser humano.