
Si alguna vez te has quejado de que tu piso en el centro parece una caja de cerillas, prepárate para replantearte tu concepto de minipiso. En el pintoresco distrito de Aucallama, en la región de Huaral (Perú), se alza un monumento a la optimización extrema del espacio: la casa más estrecha del mundo, con una asombrosa anchura de apenas 63 centímetros.

El arte de caminar de lado
La fiebre por las tiny houses o casas diminutas lleva años arrasando en redes sociales, pero este diseño ha llevado el minimalismo a niveles donde hasta respirar hondo parece un desafío arquitectónico. Su creador y propietario, el peruano Fabio Moreno, ha querido demostrar al mundo una peculiar filosofía de vida con este proyecto.
«La felicidad no depende del tamaño de tu casa, sino de cómo aprovechas el espacio que tienes disponible», asegura Moreno con orgullo.
Y vaya si lo ha aprovechado. Aunque desde la plaza principal de Aucallama pueda parecer una simple instalación artística o un pasillo decorado, esta estrechísima fachada de colores vibrantes esconde una vivienda totalmente funcional dividida en dos niveles.
¿Qué cabe realmente en 63 centímetros?
Parece magia, o quizás pura ingeniería tetris, pero Moreno se las ha ingeniado para incluir todas las comodidades de una casa moderna. Si logras entrar sin quedarte encajado entre las paredes, en su interior encontrarás:
- Un cuarto de baño completo (esperemos que sin riesgo de claustrofobia).
- Cocina y comedor ideales para preparar banquetes de proporciones muy concretas.
- Un dormitorio donde dar vueltas en la cama mientras duermes es físicamente imposible.
- Una zona de estudio y hasta un área de lavandería.
- Dos escaleras que conectan el primer y segundo nivel con precisión milimétrica.

A la caza del Guinness World Records
Como era de esperar, esta colorida y estrecha edificación se ha convertido en todo un imán para curiosos y turistas que visitan la zona. Eso sí, las visitas guiadas son un tanto complicadas: el espacio es tan sumamente reducido que es logísticamente imposible que dos o más personas visiten el interior al mismo tiempo sin organizar un atasco humano monumental.
Fabio Moreno no se conforma solo con las miradas atónitas de los transeúntes y los flashes de las cámaras. Ya ha enviado toda la documentación oficial al Guinness World Records para reclamar su merecido título. Aunque el comité de sabios de Guinness todavía tiene que realizar las mediciones oficiales y revisar los planos técnicos, Moreno está convencidísimo de que el galardón tiene su nombre escrito (probablemente en letra muy pequeñita para que quepa en la fachada).
