
El acto solidario que salió regular
Todos hemos aprovechado alguna vez un fin de semana para hacer limpieza en casa y donar aquello que ya no usamos. Sin embargo, en Nueva Zelanda, el concepto de «dar a los más necesitados» ha tomado un matiz completamente inesperado. Una tienda benéfica del país se topó con una sorpresa mayúscula al revisar una de las donaciones recibidas: una gran bolsa naranja que, lejos de contener ropa de segunda mano o libros viejos, escondía múltiples bolsitas de plástico con marihuana y un grueso fajo de billetes de 50 dólares neozelandeses.

Un despiste que sale muy caro
Aunque la identidad del despistado no ha trascendido, el suceso ha dejado a los trabajadores de la tienda sin palabras. Imaginamos el momento en el que la persona, pensando que estaba empaquetando trastos viejos, entregó su stash personal y sus ganancias a la caridad.
Este tipo de establecimientos, habituados a recibir artículos de lo más pintorescos, no tienen un protocolo preparado para clasificar donativos botánicos de dudosa legalidad acompañados de dinero en efectivo.
Lecciones para futuros donantes
La anécdota nos deja algunos consejos vitales si vas a donar tus pertenencias:
- Revisa siempre a fondo: Nunca sabes si dejaste las llaves, algo de calderilla o tu alijo en esa bolsa que vas a regalar.
- No mezcles tus bolsas: Separar lo que es para la caridad de lo que es «privado» te ahorrará una visita incómoda a comisaría.
Al final, las autoridades policiales han tenido que hacerse cargo del hallazgo, frustrando cualquier intento de la tienda de sacar beneficio extra en su rastrillo solidario. Sin duda, el donante anónimo se estará tirando de los pelos tras darse cuenta de que su generosidad accidental le ha dejado sin existencias y con los bolsillos vacíos.
