
Se ha acabado el drama judicial para los amantes del pollo frito. Un juez federal en Chicago ha puesto fin a una de las polémicas más comentadas de la gastronomía rápida: ¿pueden las alitas sin hueso llamarse alitas si técnicamente no lo son? La respuesta corta es sí, y la larga es que la justicia tiene claro que no somos tan ingenuos.
Una demanda con poco fundamento
Todo comenzó cuando un cliente, Aiman Halim, decidió que se sentía profundamente engañado por la famosa cadena Buffalo Wild Wings. Su argumento principal era que, al pedir alitas sin hueso, esperaba encontrar carne de ala a la que mágicamente le hubieran extraído el hueso, y no simples trozos de pechuga de pollo rebozada. Básicamente, lo que el resto de los mortales conocemos como nuggets con ínfulas de grandeza.
El veredicto del sentido común
Sin embargo, el juez John Tharp Jr. no se ha andado con chiquitas a la hora de redactar la sentencia. Ha dejado claro que el nombre boneless wings es un estándar en la industria y que los consumidores razonables no se sienten estafados por esta denominación. Para ilustrar su punto de vista, el magistrado usó ejemplos que son pura poesía jurídica: nadie espera encontrar jamón en una hamburguesa (por su nombre en inglés, hamburger) ni nadie cree razonablemente que las famosas rocky mountain oysters sean marisco recogido en las montañas, cuando en realidad son testículos de toro.
Así que, si eres de los que se indignan porque sus alitas no vienen con estructura ósea, tenemos malas noticias: la ley dice que puedes seguir disfrutando de tus nuggets glorificados bajo el nombre comercial que la empresa prefiera. Al final, parece que lo importante sigue siendo la salsa y no la anatomía del ave.
