
Parece que las reuniones entre mandatarios internacionales no siempre giran en torno a tratados comerciales o crisis nucleares. En su nuevo libro de memorias, Ten Years to Save the West, la efímera ex primera ministra británica Liz Truss ha revelado una de las anécdotas más surrealistas de su carrera: el día que Donald Trump decidió que era buena idea criticar su base de maquillaje.
Demasiado ‘high-def’ para el gusto de Donald
Según relata Truss, durante un encuentro oficial, el magnate estadounidense no se anduvo con rodeos. Al parecer, Trump le comentó que el maquillaje de alta definición que ella utilizaba podía ser un arma de doble filo. Aunque queda espectacular en las pantallas de televisión, el expresidente le advirtió que en el cara a cara puede resultar algo agresivo o «duro». Una lección de estética que nadie pidió, pero que Trump se sintió obligado a impartir con su habitual franqueza.
El maestro de la imagen da lecciones
Lo más llamativo del asunto es que el consejo no terminó ahí. Para reforzar su teoría sobre la fotogenia y el cuidado personal, Trump le sugirió a la política británica que echara un vistazo a algunos de sus vídeos antiguos para aprender cómo se debe manejar la imagen pública ante las cámaras. Es fascinante imaginar a Truss tomando notas sobre cómo el líder republicano gestiona su icónico estilo para triunfar en los medios.
A pesar de la extrañeza del momento, Truss asegura que la conversación también tocó temas de calado internacional como Irán y el comercio, pero queda claro que lo que realmente llamó la atención del estadounidense fue el estilismo de su colega. Al final, parece que en la alta política mundial, un buen maquillaje es un tema de Estado tan relevante como cualquier acuerdo diplomático.
