
A veces, la realidad supera a la ficción, y no hay mejor prueba de ello que un folio en blanco y un rotulador en manos de alguien con mucha mala leche o un sentido del humor muy retorcido. En esta selección de los mejores mensajes callejeros y domésticos, vemos cómo la comunicación humana ha alcanzado un nivel de surrealismo digno de estudio sociológico.
Gatos estafadores y dramas en la nevera
Uno de los grandes protagonistas de esta semana es un gato que ha obligado a sus dueños a colgar un cartel aclarando que no está perdido, sino que es un estafador profesional. Al parecer, el felino se dedica a poner cara de pena ante los vecinos para conseguir un segundo desayuno, dejando la reputación de sus cuidadores por los suelos. Es el arte de la manipulación llevado al reino animal.
Por otro lado, la pasivo-agresividad en el entorno laboral sigue regalándonos momentos de oro. Hemos visto notas pegadas en neveras comunes que son auténticos tratados de estrategia militar, todo por un recipiente de hummus que alguien se atrevió a tocar sin permiso. El uso de mayúsculas y subrayados en rojo indica que la tercera guerra mundial podría empezar perfectamente en la cocina de una gestoría.
Marketing de guerrilla y advertencias innecesarias
No faltan tampoco los comercios que, hartos de preguntas obvias, han decidido responder con carteles cargados de sarcasmo. Desde panaderías que advierten que sus productos contienen gluten (y posiblemente trazas de unicornio) hasta señales de tráfico que piden por favor no chocar contra ellas porque ‘duele’. El trolleo vecinal es, sin duda, una de las Bellas Artes menos reconocidas de nuestro tiempo.
Esta recopilación nos recuerda que, ante la frustración cotidiana, siempre nos quedará el recurso de escribir una nota brillante, pegarla con celo en un portal y esperar a que alguien le haga una foto para que el mundo entero pueda disfrutar de nuestra genialidad.
