
En el mundo del deporte, se dice que no puedes ganar el partido si no saltas al campo. Pues bien, Derek Dooley, un nombre que a muchos les sonará por su pasado en los banquillos de fútbol americano, parece haber aplicado esta lógica a la inversa en su salto a la arena política de Georgia.
El árbitro que nunca quiso jugar
Resulta que Dooley tiene la mirada puesta en el puesto de Secretario de Estado, una posición de vital importancia ya que es el máximo responsable de organizar y supervisar las elecciones. Sin embargo, hay un pequeño detalle técnico en su currículum que ha dejado a todo el mundo con la boca abierta: el propio Dooley apenas se ha molestado en votar durante la última década. Es, sin duda, una jugada maestra de la ironía política: querer ser el jefe de un sistema en el que ni siquiera participas como usuario.
Una estadística difícil de defender
Al analizar los registros electorales, se ha descubierto que Dooley no ha depositado una papeleta en años. Mientras miles de ciudadanos hacían cola para ejercer su derecho democrático, nuestro protagonista debía de estar muy ocupado analizando jugadas de estrategia, porque su nombre brilla por su ausencia en las listas de participación. Esta falta de cultura democrática personal ha generado un aluvión de críticas y comentarios jocosos, comparándolo con alguien que pretende dirigir la DGT sin haberse sacado nunca el carné de conducir.
A pesar de este historial de abstención crónica, el exentrenador sigue figurando en las quinielas para gestionar el complejo sistema de votación de Georgia. Los votantes se preguntan ahora si, en caso de ganar, se acordará de ir a votar por sí mismo o si delegará esa tarea también a la improvisación. Desde luego, la campaña electoral promete ser más entretenida que una final de la Super Bowl, aunque por motivos bastante menos heroicos.
