
Preparaos para la revolución más adorable y amarilla que se ha visto jamás sobre el hielo. Históricamente, el patinaje artístico olímpico ha sido un reducto de la alta cultura musical: sinfonías, ópera, ballets rusos… la banda sonora perfecta para piruetas dramáticas y vestuarios de lentejuelas. Pero esto se acabó. Las reglas han cambiado, y los patinadores ya no están obligados a moverse únicamente al compás de Tchaikovsky.
Cuando el deporte olímpico se puso ‘Happy’
La noticia que ha hecho que los puristas del patinaje se lleven las manos a la cabeza es la aprobación oficial de la música de Los Minions para ser utilizada en las competiciones de élite. Sí, has leído bien. Esos pequeños seres amarillos obsesionados con los plátanos y el caos acaban de colarse en el escenario más respetado del deporte invernal.
Este giro inesperado se debe a una reforma implementada hace unos años por la Unión Internacional de Patinaje (ISU). Antes de esta decisión, la música vocal estaba estrictamente prohibida, lo que limitaba las opciones a piezas instrumentales. La ISU argumentó que permitir las voces y, por ende, el pop y las bandas sonoras de cine más modernas, serviría para conectar mejor con el público joven y darle un toque de frescura al deporte, a menudo percibido como demasiado rígido.
El dilema del patinador: ¿Música clásica o caos animado?
Si bien es cierto que esta apertura ha permitido a los atletas elegir piezas de musicales icónicos o canciones pop con una coreografía potente (pensad en el potencial dramático de Beyoncé o Freddie Mercury), la aprobación de la música de Minions es la prueba definitiva de que los límites son, ahora mismo, una mera sugerencia. ¿Veremos un patinador de élite realizando un triple Axel con cara de concentración mientras de fondo suena un «Banana! Po-ta-to!«? Todo apunta a que sí.
Los atletas ahora pueden explotar un abanico mucho más amplio de temas, pero la elección de la banda sonora de la película de animación es particularmente curiosa. El hecho de que una melodía asociada a la comedia infantil pueda ser utilizada en un entorno tan serio y evaluativo subraya el impacto que estas criaturas tienen en la cultura pop global. Los jueces tendrán que mantener la compostura, aunque sea difícil no esbozar una sonrisa al escuchar un «Despicable Me» en medio de una actuación que vale una medalla olímpica. Esto es, sin duda, la forma más divertida de modernizar la tradición.
