
¡Atención, amantes del cine de los 90 y de las travesuras de Hollywood! Parece que Matt Damon y Ben Affleck no solo son amigos desde la infancia y socios creativos brillantes, sino también unos maestros del trolleo corporativo. Han pasado más de 25 años desde que El Indomable Will Hunting (Good Will Hunting) arrasó en los Oscar, pero aún quedan jugosas anécdotas por contar.
El cebo más inesperado del guion
Damon, que ha estado de promoción de su nueva película Air (curiosamente, sobre zapatillas y no sobre romances clandestinos de Boston), ha soltado una bomba que hará que veamos la oscarizada película con otros ojos. Resulta que en el borrador original del guion, el que presentaron a Miramax, había una escena que rompía totalmente con la trama seria y emotiva que todos conocemos. ¿El ingrediente secreto? Una escena de sexo gay entre Will Hunting y su colega Chuckie Sullivan, interpretados por el propio Damon y Affleck.
Según explicó Damon, la escena era tan «loca» que solo tenía un propósito: pillar a los Weinstein. Sí, hablamos de Harvey y Bob Weinstein, los mandamases de Miramax por aquel entonces. El pánico era que los ejecutivos se saltaran el guion o lo delegaran a becarios, y luego pretendieran haberlo leído entero. Así que idearon un plan brillante y ridículo a partes iguales.
El detector de lectura de Miramax
La escena, que solo existía en ese borrador de «cebo», era el detector infalible. Si Ben y Matt se reunían con los ejecutivos y estos mencionaban, aunque fuera de pasada, la inverosímil escena de sexo, sabrían que el guion había llegado a la persona correcta y que se lo había leído. Si no la mencionaban, es que estaban mintiendo sobre la lectura.
«Esa escena era tan ridícula, tan fuera de lugar», comentó Damon, riéndose de la genialidad de su juventud. Imaginaos la reunión: ejecutivos serios discutiendo el dilema de un genio de la limpieza y, de repente, la pregunta incómoda: «¿Y qué hay de la escena en la que Will y Chuckie… bueno, ya sabes?». Era una prueba de fuego para ver quién merecía trabajar con el dúo dinámico.
Aunque la escena nunca llegó a rodarse (para alivio de los fans del drama psicológico), la historia demuestra la picaresca y el ingenio que Ben Affleck y Matt Damon tuvieron que desplegar para abrirse camino en el salvaje mundo de Hollywood. Al final, vendieron el guion (sin la escena gay, claro) por una millonada y ganaron un Oscar, demostrando que su estrategia de trolleo valió la pena. ¡Chapeau por el par de gamberros!
