
Si hay algo que pone a prueba la famosa frase ‘Only in Australia’, es cuando un evento deportivo de élite es interrumpido por un marsupial con ansias de protagonismo. Esto es exactamente lo que le ocurrió al ciclista australiano Jay McCarthy, del equipo Tinkoff-Saxo, durante una etapa del Tour Down Under. Olvídense de los pinchazos, las caídas por gravilla o los frenazos bruscos: el peligro real viene saltando a dos patas.
El pelotón rodaba a toda velocidad, concentrado en la estrategia de la etapa, cuando de repente, un canguro, probablemente harto de la tranquilidad del monte, decidió que la carretera era el lugar perfecto para un cruce improvisado. En un giro digno de una comedia de acción, el animal no dudó, ni giró, sino que saltó directamente hacia el centro de la acción.
La mala suerte quiso que su trayectoria colisionara de lleno con Jay McCarthy. Según los informes de la época, fue un choque contundente. Imaginen la escena: uno va en bici a más de 40 km/h y, de pronto, se topa con un ser vivo que parece sacado de un gimnasio, con unas patas traseras diseñadas para el impacto. McCarthy se fue al suelo, obviamente, en lo que debe ser la caída más surrealista de su carrera.
Aunque el ciclista, gracias a su equipo de protección y un poco de suerte, logró levantarse, dolorido pero entero, el incidente demostró que en Australia, hasta el asfalto de una carrera profesional es territorio salvaje. Por desgracia, el canguro no corrió la misma suerte, quedando muy malherido o, según algunas fuentes, pereciendo tras el golpe. La lección queda clara: en el ciclismo australiano, no solo hay que vigilar al rival que tienes detrás, sino también al ‘aussie’ saltarín que te puede venir de lado.
