El congresista que intentó arruinar a un fiscal por un viejo caso de su esposa

El congresista que intentó arruinar a un fiscal por un viejo caso de su esposa
Un congresista estadounidense intentó usar su poder legislativo para recortar el salario de un fiscal del ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas) a un simbólico dólar. ¿La razón? El fiscal había gestionado el caso de deportación de su esposa años atrás. Una venganza muy, muy personal desde el Capitolio.
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Mira que hay venganzas por ahí, pero usar el poder legislativo de los Estados Unidos para ajustar cuentas personales roza el nivel de villano de película de serie B. El protagonista de esta historia épica de rencor es un congresista, cuyo nombre es un detalle menor comparado con la magnitud de su desplante. El objetivo de su ira: un fiscal del ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas) que, por lo visto, no había hecho bien su trabajo… según la memoria del político.

La movida era tan sutil como un elefante en una cristalería: el congresista, ni corto ni perezoso, intentó aprobar una enmienda a un proyecto de ley de asignaciones presupuestarias. ¿El objetivo de dicha enmienda? Nada menos que reducir el salario de *ese* fiscal en concreto a un simbólico y humillante dólar. ¡Un dólar! Intentar dejar a un funcionario gubernamental cobrando una miseria anual es un nivel de mezquindad que requiere cierto talento.

¿Y por qué tanto drama? ¿Había malversado fondos? ¿Había fallado estrepitosamente en algún caso de seguridad nacional? Pues no. El motivo era mucho más jugoso y personal: resulta que, años antes, este mismo fiscal había estado a cargo del caso de deportación de la persona que, con el tiempo, se convertiría en la esposa del honorable congresista. Parece que el político no olvidó ni perdonó el disgusto pasado.

Estamos hablando de un ajuste de cuentas que se cocinó a fuego lento durante años, esperando el momento justo para que el karma (o en este caso, el poder político) hiciera su aparición estelar. Usar el Capitolio como tu tablón de anuncios de rencor es, cuanto menos, innovador. Intentar arruinar la vida financiera de un funcionario por un caso que probablemente ni siquiera recordaba con claridad es una lección de rencor duradero.

Afortunadamente para el fiscal y para la dignidad de la democracia (un poquito, al menos), el intento del congresista de aplicar esta venganza legislativa de baja intensidad no prosperó. La enmienda se quedó en el tintero, y el fiscal pudo seguir cobrando un sueldo que le permitiese pagar algo más que la factura de la luz de un trastero. Pero la anécdota queda ahí, grabada en los anales de la política absurda, demostrando que algunos políticos tienen la memoria tan larga como su ambición de pasar cuentas.