La mujer de Stephen Miller revela la faceta de matador sexual de su marido

La mujer de Stephen Miller revela la faceta de matador sexual de su marido
Katie Miller, esposa del exasesor de Trump Stephen Miller, ha dejado al público perplejo al describir la vida sexual de la pareja. Afirma que su marido es un "matador sexual" que "toma los cuernos" de su vagina. Una revelación tan íntima como inesperadamente taurina.
0
0

A veces, la información más jugosa no viene de un escándalo político, sino de una sobreexposición marital bastante… específica. La protagonista de esta historia es Katie Miller, conocida por ser la esposa de Stephen Miller, el controvertido exasesor del expresidente Donald Trump. Si pensaban que conocían los límites de la metáfora pública, esperen a escuchar esto.

En un giro que ni el mejor guionista de comedia podría haber inventado, Katie decidió compartir con el mundo la peculiar manera en que concibe la vida íntima de su matrimonio. Y sí, incluye términos taurinos. Según Katie, su esposo no es solo un hombre de estrategias políticas duras, sino también un auténtico «matador sexual». Y, por si la analogía no fuera suficientemente clara, detalló cómo funciona esta faena íntima, afirmando que Stephen “toma los cuernos” de su vagina.

El público, naturalmente, se ha quedado mirando la barrera, preguntándose si es una metáfora de poder, de habilidad o simplemente el resultado de haber pasado demasiado tiempo en redes sociales. La revelación, que ha circulado como la pólvora, plantea serias dudas sobre el concepto de privacidad conyugal en la élite política de Washington.

Aunque la intención de Katie podría haber sido ensalzar la virilidad de su marido de una manera potente, el resultado es que ahora la imagen mental colectiva de Stephen Miller incluye, inevitablemente, un capote, un traje de luces y un órgano genital femenino con cornamenta. Olvídense de debatir políticas migratorias, el tema de conversación ahora es si Miller usa montera mientras hace la faena. Un golpe de humor involuntario que demuestra que, a veces, la realidad supera a la sátira más ácida.