
Imaginemos la escena. Bali, un paraíso tropical conocido por sus playas, su paz interior y, al parecer, por un nivel de despiste y pasión a prueba de bombas… o de incendios, para ser más precisos. La cosa ocurrió en la famosa zona de Canggu, donde un edificio, el Bella Canggu o uno muy cercano, empezó a arder con una intensidad notable. Las llamas subían, el humo era denso, la gente grababa la tragedia con sus móviles, como manda el protocolo moderno de desastres, y el pánico empezaba a hacer acto de presencia. Todo normal, dentro de lo que cabe, en un incendio espectacular. Pero entonces, mientras uno de estos vídeos de móvil captaba el rugido del fuego, los ojos de los espectadores (y del propio cámara) se desviaron hacia una ventana cercana. Y ahí estaba. Como si el mundo se estuviera acabando, o como si simplemente hubieran perdido las gafas, una pareja estaba enfrascada en un acto íntimo, completamente ajena al infierno que se desataba a pocos metros. Literalmente, la pasión ardía más fuerte que la propiedad colindante. El vídeo se hizo viral instantáneamente, transformando una simple noticia de sucesos en un fenómeno global de risa y bochorno. ¿Qué estaba pensando esta gente? ¿Era la adrenalina del peligro? ¿Habían consumido algo que les hacía inmunes al olor a quemado y al griterío? O quizás simplemente seguían el mantra balinés del ‘no pasa nada’ llevado al extremo más absurdo. La imagen de las llamas ascendiendo dramáticamente justo al lado de una escena de sexo explícito es una yuxtaposición digna de una película de comedia negra. Es el epítome de la frase ‘el show debe continuar’, aunque en este caso, el ‘show’ era de naturaleza muy personal y el ‘continuar’ rozaba la insensatez. Sin duda, estas personas pasaron de ser espectadores involuntarios de una catástrofe a ser los protagonistas accidentales más comentados de la misma. Esperemos que, al menos, se dieran cuenta del incendio antes de que el calor de la pasión se confundiera con el calor del fuego real. Un aplauso por su intensidad, pero un cero patatero por su sentido de la autoprotección.
