
Parece que la fauna australiana no deja de sorprendernos, y no hablamos solo de cocodrilos que te miran mal o ornitorrincos que parecen diseñados por un comité de borrachos. Esta vez, los focos apuntan al diminuto, peludo y científicamente fascinante mundo de los arácnidos.
Investigadores del Museum Victoria, con la colaboración de estudios biológicos locales, se han marcado un descubrimiento épico tras rastrear los matorrales de Queensland y Nueva Gales del Sur. ¿El resultado? Ni más ni menos que 15 nuevas especies de arañas que hasta ahora habían pasado desapercibidas bajo el radar humano. Una labor de catalogación que es fundamental para entender la biodiversidad de la región.
Sin embargo, de las 15 nuevas inquilinas de la lista de la vida, hay una que se ha llevado todo el protagonismo, eclipsando a sus catorce compañeras que seguro que son igual de temibles y peludas. Hablamos de una araña lobo (dentro del género *Hogna*) que, para el asombro de la comunidad científica, ha resultado ser intersexual.
Este espécimen, bautizado técnicamente como ‘ginandromorfo’, ha decidido ignorar las estrictas reglas de la biología y presenta una fascinante mezcla de órganos sexuales masculinos y femeninos. Si ya resulta un pequeño drama identificar el sexo de muchas arañas —un proceso que a menudo implica mirar muy de cerca y tener muchísima paciencia—, imaginad el desconcierto inicial al encontrarse con este ejemplar que es, literalmente, ambos a la vez.
Los científicos están que no caben en sí de la emoción, ya que encontrar un caso de ginandromorfismo en arañas es algo extraordinariamente raro. No es un fenómeno que se vea todos los días; de hecho, puede pasar una vida entera de investigación sin toparse con algo así. Este bicho no es solo una curiosidad biológica de feria, sino que su existencia ayuda a los investigadores a comprender mejor los mecanismos de la diferenciación sexual y cómo se manifiesta la diversidad extrema en estos pequeños y eficientes depredadores. En definitiva, la araña lobo intersexual australiana se ha convertido, sin querer, en el icono arácnido de la fluidez de género, dándonos a todos una lección sobre cómo la naturaleza se las apaña para ser siempre mucho más interesante que los libros de texto.
