
Agárrate, porque las aerolíneas a veces nos sorprenden con cosas que ni te imaginas. Y no, no hablamos del precio de una botella de agua a bordo. Esta vez, la protagonista es EasyJet, que se ha sacado de la manga una promoción tan peculiar como divertida para celebrar el estreno de dos nuevas rutas desde Londres Gatwick.
Resulta que la aerolínea decidió que la mejor manera de inaugurar sus vuelos a Rennes (Francia) y a la localidad escocesa de Arthur, era… ¡regalando billetes! Pero ojo, no a cualquiera, sino a aquellos que se llamasen exactamente como los destinos. Sí, has oído bien. Si tu DNI te identificaba como Arthur, tenías vía libre para volar de Londres a Rennes. Y si eras una Renée, tu destino gratuito era el pintoresco Arthur, en Escocia.
La cosa tiene su gracia y su historia. La promoción, bautizada como ‘Flights of Fancy’ (Vuelos de Capricho, si lo traducimos un poco a nuestro rollo), no era solo un guiño a la geografía. Detrás de todo esto hay un pequeño empujón cultural: Duke Arthur II de Bretaña y la Reina Renée de Francia. Una conexión histórica que, de repente, se convierte en un billete de avión gratis. ¿Quién diría que las clases de historia servirían para algo más que aprobar la selectividad?
La oferta, que por desgracia solo estuvo activa para vuelos del 4 de junio (justo el día del lanzamiento de las rutas), requería una prueba de identidad en el mostrador de facturación. Así de simple: te llamas Arthur o Renée, enseñas tu documento y ¡voilà! Al avión. Imagina la cara de sorpresa de la gente cuando, por una vez, su nombre les daba una alegría y no un disgusto (como cuando alguien pronuncia mal tu nombre en una reunión).
Según un portavoz de EasyJet, les encantan las buenas historias y las oportunidades de conectar a la gente con lugares increíbles, sobre todo si hay un toque de leyenda detrás. Y la verdad es que la estrategia es brillante. ¿Quién no querría ser Arthur o Renée por un día si eso significa un viaje gratis a la Bretaña francesa o a las tierras escocesas? La localidad de Arthur, por cierto, debe su nombre a un general romano, no al rey Arturo de la leyenda, pero eso ya es hilar demasiado fino para una promoción tan chula.
En resumen, una jugada de marketing con mucho ingenio, que nos recuerda que a veces las mejores ideas son las más sencillas y las que nos arrancan una sonrisa. ¡Lástima no llamarse Arthur o Renée en esta ocasión!
