
¿Qué se hace uno un puente en la universidad? ¿Estudiar? ¿Dormir? ¡Qué va! Un grupo de veinte mentes brillantes (y con mucha, muchísima resistencia) de la Universidad de Loughborough, en el Reino Unido, decidió que la mejor forma de pasar el rato era… ¡jugando al balón prisionero durante más de 43 horas seguidas! Y, claro, ya que se ponían, aprovecharon para pulverizar un Récord Guinness mundial.
La hazaña, que suena a chiste pero es más real que el café de la mañana en época de exámenes, llevó a estos valientes estudiantes a superar su propia marca. Sí, porque esto del dodgeball extremo parece que es su especialidad. En 2021 ya habían dejado el listón en 43 horas, 3 minutos y 45 segundos. Pues bien, los muchachos se dijeron: ‘¿Y por qué no un poquito más de dolor y gloria?’ Y así lo hicieron, elevando el nuevo listón a unos impresionantes 43 horas, 21 minutos y 16 segundos de puro dodgeball. ¡Casi nada!
Imaginad la escena: veintena de chavales, en el Students’ Union de Loughborough, esquivando, lanzando y, seguramente, viendo visiones de balones prisioneros gigantes tras horas y horas de sueño interrumpido y músculos al límite. Ryan Smith, el organizador del evento y, presumiblemente, el cerebro detrás de esta ‘locura’ deportiva, lo resumió a la perfección: «Un esfuerzo increíble de cada uno de nuestros 20 jugadores que se esforzaron hasta sus límites absolutos». Y es que para aguantar tanto, uno no solo necesita piernas y brazos, sino también una cabeza muy bien amueblada (o completamente desquiciada, según se mire).
Pero ojo, que no todo era sudor y balones voladores. Detrás de esta maratón de resistencia había una causa noble. Los estudiantes no solo buscaban la gloria y el certificado del Guinness, sino que también recaudaron dinero para Mind, una organización benéfica de salud mental. Según Smith, «recaudar dinero para Mind les dio la gasolina que necesitaban para llegar hasta el final». Así que, mientras uno de ellos se desplomaba de agotamiento (metafóricamente, esperamos), sabía que cada lanzamiento de balón contribuía a una buena causa.
Así que la próxima vez que te quejes por haber jugado un partido de pádel de una hora, recuerda a estos titanes del balón prisionero. Ellos se pasaron dos días seguidos esquivando balones, demostrando que con ganas, trabajo en equipo y, probablemente, mucha cafeína, se pueden lograr cosas extraordinarias. O al menos, récords mundiales de deportes que la mayoría jugábamos en el patio del colegio.
