La guerra del césped: de caca de perro a pistola en la sien

La guerra del césped: de caca de perro a pistola en la sien
En Florida, una discusión vecinal por los 'regalitos' que un perro dejó en el césped equivocado escaló rápidamente. La dueña del can, presuntamente, zanjó el debate sacando una pistola y apuntando a su vecino para evitar que este le devolviera el 'presente' a su porche.
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Bienvenidos a Port St. Lucie, Florida, un lugar donde el sol brilla, la hierba es verde y las disputas vecinales por temas escatológicos pueden terminar con un arma semiautomática de por medio. La paz de este tranquilo barrio se vio interrumpida por un incidente que empezó, como tantas grandes historias, con una caca de perro.

Nuestro protagonista, Craig Whitson, se encontraba tranquilamente en su propiedad cuando fue testigo de una escena tan común como irritante: el perro de su vecina, Kimberly Ann Clark, estaba utilizando su impecable césped como su cuarto de baño personal. Whitson, como cualquier buen vecino con amor por su jardín, le pidió a Clark que, por favor, recogiera el ‘regalito’ que su mascota acababa de depositar.

Pero la diplomacia vecinal no tuvo su mejor día. Lo que podría haberse solucionado con una bolsita de plástico y una disculpa se convirtió en una acalorada discusión. La tensión subió de nivel cuando Whitson, ya bastante cabreado, amenazó con tomar la justicia por su mano: planeaba recoger él mismo el excremento y devolvérselo a su dueña, dejándolo amablemente en su porche.

A Kimberly Ann Clark, al parecer, no le hizo ninguna gracia la idea de recibir paquetería de este tipo. Según el relato de los hechos, su respuesta fue, digamos, desproporcionada. Entró en su casa y, en lugar de volver con una bolsa y un recogedor, salió empuñando lo que Whitson describió como una ‘pistola semiautomática negra’. Acto seguido, y para dejar su postura meridianamente clara, le apuntó a la cabeza y le espetó algo así como: ‘No vas a poner ninguna caca en mi porche’. Un argumento de peso, sin duda.

Whitson, probablemente flipando ante el giro de los acontecimientos, hizo lo más sensato: llamar a la policía. Cuando los agentes llegaron al lugar, se encontraron con la versión de Clark, quien negaba rotundamente haber amenazado a nadie con un arma. Sin embargo, una pequeña inspección a su mesilla de noche reveló una sorpresa: una pistola semiautomática negra, cargada y con una bala en la recámara, que coincidía perfectamente con la descripción.

El resultado de esta guerra por el césped fue la detención de Kimberly Ann Clark, acusada de asalto agravado con un arma mortal. Una lección para todos: en Florida, antes de discutir sobre dónde debe hacer sus necesidades un perro, piénsatelo dos veces.