
En la jungla de asfalto que es Chicago, uno espera ver de todo: rascacielos que rozan las nubes, atascos monumentales y gente con prisa. Lo que nadie se esperaba encontrar una mañana de miércoles en el moderno barrio de West Loop era un atasco… de lana.
Los protagonistas de esta historia no son oficinistas estresados, sino un rebaño de ovejas con una misión muy ecológica. Contratadas por la compañía eléctrica ComEd, su trabajo consistía en mantener a raya las malas hierbas de un solar de la forma más natural posible: comiéndoselas. Un trabajo tranquilo, pastoral y, sobre todo, delicioso.
Pero parece que la rutina puede cansar hasta al más pintado, o en este caso, al más lanudo. En un giro de guion digno de una película de fugas, el rebaño encontró un punto débil en su recinto: un agujero en la valla. Ni cortas ni perezosas, las ovejas decidieron que era el día perfecto para una excursión no autorizada por la gran ciudad.
Imaginen la escena: un tropel de ovejas trotando alegremente por las calles, dejando perplejos a los conductores y viandantes que se frotaban los ojos sin poder creer lo que veían. La rebelión del campo en pleno corazón urbano. Por un momento, el West Loop se convirtió en una pradera improvisada.
Afortunadamente, la aventura no duró mucho. La policía de Chicago y los servicios de control de animales, seguramente afrontando una de las llamadas más surrealistas de su carrera, acudieron al lugar. Consiguieron acorralar y reagrupar a las fugitivas con relativa rapidez, sin que ninguna oveja ni ningún humano sufriera daño alguno.
Las estrellas del día, procedentes del refugio de animales Settler’s Pond, fueron escoltadas de vuelta a su puesto de trabajo. Su breve escapada se saldó sin incidentes, pero con una anécdota fantástica que contar para los vecinos de Chicago. Al fin y al cabo, no todos los días se ve a un equipo de ‘jardineras’ de cuatro patas intentando conquistar la ciudad.
