
El Salvaje Oeste del romance digital
Si alguna vez has pensado que tu vida sentimental es un auténtico desastre, prepárate para sentirte la persona más afortunada del planeta. Las aplicaciones de citas como Tinder, Bumble y Hinge son maravillosas para conocer gente, sí… pero también son el campo de minas definitivo del cortejo moderno. Y para demostrarlo, hemos recopilado las 31 interacciones y perfiles que probablemente te hagan plantearte adoptar siete gatos y borrar tus cuentas para siempre.
Coge palomitas, porque el nivel de vergüenza ajena de esta lista es digno de estudio sociológico.
La galería de los horrores del «Match»
- El «macho alfa» sibarita: Este espécimen busca a una «mujer inteligente» que, atención, «saboree la testosterona». ¿Se referirá a algún tipo de guiso exótico?

- El libro abierto (demasiado abierto): Hay chicos que usan su biografía para soltar absolutamente todas sus frustraciones vitales y quejarse del mundo antes de decir siquiera «hola».
- El sincericida: Aquel que te deja clarísimo, sin ningún tipo de tacto, que sus intenciones de compromiso son nulas. Al menos no engaña a nadie.
- El primer ministro del ligoteo: Empezar una conversación debatiendo de política y asumiendo orientaciones sexuales no suele ser la mejor primera impresión.
- El Rey Arturo: Un abridor que mezcla caballeros medievales y humor cuestionable para dejarte literalmente sin palabras.
- El creador de silencios incómodos: Cuando haces match y la primera frase ya te hace arrepentirte de tener un teléfono móvil inteligente.
- La metáfora del café: Una frase para ligar con calificación «para mayores de 18», comparando el café negro con… bueno, os lo podéis imaginar.

- El jacuzzi del misterio: El chico que te invita a un jacuzzi pero es incapaz de aclarar si es una cita, un secuestro alienígena o una reunión de vecinos.
- El embarazo por emojis: Una conversación que pasó de inofensiva a «no apta para el trabajo» en tiempo récord y a golpe de emoticono.
- El ofendidito de mecha corta: Ese que se toma a la tremenda una broma tonta y se indigna en cuestión de tres nanosegundos.
- El interrogador reincidente: Hace match contigo de nuevo meses después, solo para preguntarte, casi ofendido, por qué sigues soltera.
- El rey bajito a la defensiva: Su inseguridad por la altura le hace disparar a matar ante la más mínima pregunta inocente sobre sus medidas.
- El mínimo esfuerzo: Su gran entrada triunfal tras conseguir un match en Bumble fue decir: «Sup» (¿Qué pasa?). Todo un poeta contemporáneo.
- El espíritu navideño alternativo: Nada dice «felices fiestas» como un mensaje directo que reza:
«Feliz Navidad Sexual»
Todo un clásico moderno.

- El espía confesado: La honestidad brutal de soltar en el primer mensaje: «Por cierto, te acoso en IG». Escalofriante cuanto menos.
- El drama familiar: ¿Hacer match con alguien y enterarte sobre la marcha de que ese mismo chico se lió con tu madre? Sí, ha pasado.
- El sastre de lencería: Su única y vital misión en la aplicación era la siguiente: «Solo quería adivinar tu talla de pecho». Un auténtico visionario.

- El rencoroso: Tras un sutil rechazo, te desea con bastante veneno que «tengas suerte no encontrando a un hombre jamás».
- El reloj biológico andante: Siente la imperiosa necesidad de avisarte de que «te des prisa, que estás rozando el límite de edad». Qué considerado.
- El ‘Gym Bro’ monosilábico: Esa persona a la que tienes que sacarle las palabras con pinzas porque sus respuestas no superan las tres letras de longitud.
- El clasista del amor: Se enfada y te suelta una perla inolvidable para la posteridad: «Por favor, dale a like a gente de tu nivel, que te j*dan».
- El enemigo de la seguridad: El tipo que piensa que una mujer que toma medidas de seguridad (como quedar en un sitio público) está «desquiciada».

- El mudo digital: Alguien al que su match le tuvo que recomendar, muy educadamente, que buscara «explorar sus habilidades de conversación» como un nuevo pasatiempo urgente.
- El fotógrafo aficionado: Porque pedir una «foto reveladora de cuerpo entero» a los tres minutos de cruzar un par de palabras es súper normal, ¿verdad?
- El sutil de la silla: Una conversación inocente que giró drásticamente cuando él preguntó: «Si te lo digo, ¿te sentarás en ello?».
- El spammer del amor: El genio que admite, sin ningún remordimiento, haber copiado y pegado exactamente el mismo mensaje de «¿qué haces este finde?» a 20 chicas distintas.

- El fantasma del pasado: Un reencuentro en Tinder donde ella recuerda perfectamente que, la última vez que se vieron, él le estaba poniendo los cuernos a su entonces novia. Un pequeño detalle sin importancia.
- El enemigo de la DGT: El chico que directamente no se presentó a la cita porque, cito textualmente, «no encontraba aparcamiento y no quería lidiar con eso».

- El que acabó en comisaría: No dijo ni «hola», solo pidió la dirección de su match para ir a verla. Ella, rápida como el viento y muy astuta, le mandó la dirección de la comisaría de policía local.

- El de la carta de presentación anatómica: El que decidió que la mejor forma de romper el hielo era dar detalles explícitos sobre las dimensiones exactas de su miembro viril.
- El soldado caído: Y para cerrar con broche de oro, el chico que, tras un desastroso intento de flirteo, tiró la toalla con un sincero:
«Lo siento, literalmente no sé cómo hablar con mujeres. Suerte con todo»
.

Si alguna vez sientes que la soltería es muy dura, vuelve a leer detenidamente esta lista. A veces, quedarse en el sofá viendo una serie y pidiendo pizza es el mayor triunfo que puedes tener un fin de semana.
