11 situaciones surrealistas en funerales que parecen sacadas de una comedia

11 situaciones surrealistas en funerales que parecen sacadas de una comedia
Un hilo de Reddit ha destapado las historias más extravagantes e hilarantes vividas por asistentes y directores de funerarias. Desde ataúdes haciendo trineo por la nieve hasta peleas por el catering y pócimas para resucitar al difunto. Una recopilación de desastres fúnebres que no olvidarás.
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Se supone que un funeral es un evento solemne, de respeto y recogimiento donde todo el mundo guarda las formas. Pero la realidad es que, cuando juntas emociones a flor de piel, familias peculiares y situaciones imprevistas, el resultado puede parecer sacado de una película de Berlanga. Recientemente, en un hilo de Reddit, se preguntó a directores de funerarias y asistentes cuáles eran las anécdotas más salvajes que habían presenciado en un entierro. Las respuestas no tienen desperdicio.

A continuación, hemos recopilado las 11 historias más surrealistas y desastrosas que demuestran que, a veces, la realidad supera con creces a la ficción:

  1. El desmaquillante extremo

    Una maquilladora de la funeraria hizo un trabajo impecable con una chica joven que había llegado en muy mal estado. Sin embargo, a una pariente mayor le pareció que la difunta «llevaba demasiado maquillaje». ¿Su solución? Acercarse al ataúd abierto y empezar a frotar con el pulgar para quitárselo. La broma terminó con la señora arrancando parte de la piel del cadáver y desencajándole un ojo en pleno velatorio. Un cuadro.

  2. Efecto dominó en las escaleras

    Imagina un ataúd con un difunto que pesa más de 130 kilos. Seis hombres intentan bajarlo por unas empinadas escaleras de granito a la salida de la iglesia. De repente, el cuerpo se desliza hacia la parte delantera de la caja y el peso arrastra a los seis portadores escaleras abajo.

    «Dos piernas rotas, un herido grave de la espalda y dos ambulancias. Un desastre absoluto»

    , recordaba uno de los accidentados.

  3. Romances de tanatorio y peleas a puñetazos

    Una directora de funeraria confesó que lo de guardar luto es muy relativo para algunos. Según ella, no han sido pocas las veces que el propio viudo ha intentado ligar con ella durante el funeral. Además, ha tenido que presenciar a familias intentando llegar a las manos mientras elegían las flores, o entierros de bandas rivales donde la policía tenía que estar de guardia con el arma lista por si las moscas.

  4. El cadáver que llegó tarde a su propia fiesta

    Un padre y su hijo tenían que transportar un cuerpo a unos 500 kilómetros a otro estado. Era la época pre-internet y no les dieron una hora exacta de llegada. Decidieron parar tranquilamente a comer por el camino. Lo que no sabían es que al llegar no les esperaba otra funeraria, sino un mausoleo lleno de dolientes que llevaban dos horas esperando a que apareciera la estrella del evento.

  5. La crisis de los langostinos

    En un catering funerario, una familia encargó solo 50 cócteles de gambas para la recepción. Cuando, lógicamente, se acabaron a los diez minutos, los invitados montaron en cólera exigiendo a los camareros que «cocinaran más» en el horno crematorio, porque, total, era un horno y servía para lo mismo. En ese mismo funeral, una niña de siete años decidió que se aburría y se coló corriendo por los pasillos hasta la sala de preparación de cadáveres.

  6. La abuela en trineo

    En pleno invierno, el cementerio obligaba a hacer el servicio en la capilla por la nieve y el hielo. Pero la familia se negó en rotundo: querían llevar a pulso el pesado ataúd de madera de la abuela hasta la tumba, situada al fondo de una colina. Tras dar cuatro pasos por la pendiente helada, los dos primeros resbalaron, provocando que los demás soltaran la caja. El ataúd bajó la colina a toda velocidad como si fuera un trineo, pilló un bache, salió volando y aterrizó milagrosamente a la perfección sobre el mecanismo para bajarlo a la fosa. Abrieron la tapa asustados y… ¡la abuela seguía en su sitio, impoluta tras su último viaje extremo!

  7. Una resaca mortal

    El calor y la humedad de Florida no perdonan, pero menos lo hace salir de fiesta la noche antes de trabajar en un entierro. Un empleado de la funeraria estaba tan de resaca que se desmayó en medio de los rezos finales y se cayó dentro de la tumba abierta. Los propios familiares del difunto tuvieron que ayudar a sacarlo, pensando que había sido un terrible golpe de calor. Como su padre era el dueño del negocio, se salvó del despido.

  8. La guerra del buffet libre

    Un funeral para 50 personas contaba con un modesto servicio de catering. De repente, apareció una señora del coro de la iglesia con una furgoneta hasta los topes de comida casera: pollo frito, perritos calientes, bandejas de fiambre, helados y 75 litros de ponche. Su excusa era que la comida oficial «no estaba hecha con amor». Empezó a arrancar los platos de las manos a los invitados, intentó tirar las mesas del catering y acusó a un camarero de querer estrangularla. Acabó echada a gritos y volcando toda su comida en medio del aparcamiento de la iglesia presa de un ataque de nervios.

  9. La pócima resucitadora

    En el momento de dar sepultura al ataúd, una familia se sacó de la manga un extraño ritual: habían preparado una «poción» mezclando refresco Dr Pepper, whisky Fireball, jugo de pepinillos y salsa picante. Le abrieron la boca al difunto y se lo echaron dentro con la esperanza de resucitarlo. Al ver que el milagro no ocurría, se pasaron el cáliz para que todos los presentes dieran un buen trago.

  10. Atendiendo llamadas en pleno Zen

    Durante un funeral budista zen, en el momento de mayor y más absoluto silencio meditativo, a un familiar le sonó el móvil a todo volumen. En lugar de colgar avergonzado, descolgó la llamada y se tiró un minuto entero charlando tranquilamente mientras toda la sala contenía la respiración y apretaba los puños de pura indignación.

  11. El último musical

    Para rematar, la madre senil de uno de los asistentes decidió que el entierro estaba siendo demasiado aburrido. Así que, sin previo aviso, se plantó justo al lado del ataúd abierto y se puso a cantar a pleno pulmón el clásico de jazz «I Got Rhythm» delante de todos los invitados que miraban atónitos la escena.

Definitivamente, trabajar en el sector funerario exige tener mucho temple y, sobre todo, un sentido del humor a prueba de bombas. Porque la línea que separa el drama de la comedia es, a veces, demasiado fina.